En la Mira


René Montes de Oca.-

Una de las acciones que siempre ha realizado el gobierno para mantener el poder y asegurar la paz social es controlar el uso y posesión de armas de fuego entre la población civil. Definitivamente, no conviene que las armas proliferen y menos fuera de control, porque se incrementa la criminalidad, se altera el orden y se pone en riesgo la fuerza del ejército como garantía para la vigencia de la institucionalidad nacional y el respeto de las leyes.

Existe una Ley para el Uso de Armas y Explosivos que señala con claridad los derechos que tenemos los mexicanos para utilizar un arma de fuego; sin embargo, esta normatividad no se aplica regularmente. En este aspecto, predomina el autoritarismo y la rigidez castrense.

Platicaban los viejitos que participaron en la revolución armada de 1910 que el peor error de los que lucharon por las causas sociales y el cambio a un gobierno sin despotismos ni discriminaciones fue la denominada amnistía. Es que el triunfo del movimiento revolucionario se revirtió en un perdón que los federales otorgaron a la “chusma” por haberse levantado en armas. Desde entonces, la idea del pueblo ha sido que revolución que transa es revolución perdida y ahí quedó para siempre lo que para algunos fue el gran error de un paladín, las negociaciones pacifistas de un apóstol que no convencieron del todo y que a la fecha son consideradas por muchos un gran estigma, una mala decisión que aún nos mantiene en la inestabilidad y en la crisis.

Sin embargo, nos preguntamos: ¿Qué hubiese sido de México si no se negocian las cosas para controlar a un pueblo armado y levantado, lo mismo contra las viejas que las renovadas disposiciones gubernamentales? ¿No sería un acierto que los revolucionarios depusieran las armas y se retiraran a vivir en paz bajo la normatividad de un nuevo régimen maduro, con actitudes diferentes y la amarga experiencia de una lucha intestina?

México es mágico, aquí se fabrican guerrillas, se crean personajes fantasmas, se juega, se especula. Se propicia el desorden y hasta autosecuestros. La política está detrás de todo, Marcos aparece encapuchado en las selvas, con la misma naturalidad que Octagón en una arena, pero luego desaparece misteriosamente. Somos los campeones del teatro y lo mismo presenciamos sorprendidos las visitas de Juan Pablo II en eventos multitudinarios, como seguimos paso a paso aquel viaje ridículo que el denominado Ejército Zapatista realizó desde la región lacandona hasta la capital de la República. Solamente en este país, lo mismo negociamos con encapuchados que aceptamos grupos de autodefensa.

En esta nación ya estamos familiarizados con las denuncias de nexos del crimen organizado con prominentes políticos y hasta algunos malos gobernantes, aquí nos burlamos de las detenciones de personajes prominentes que luego exhiben la impunidad reinante. Pero ante todo, los mexicanos le apostamos a la paz social, condenamos la violencia y preferimos los libros, cuadernos y lápices, en lugar de que terribles y sofisticadas armas de fuego salgan a relucir entre lo que hemos considerado la población pacífica, nos decepciona que el simple boticario, el ferretero o el agricultor, al igual que el veterinario, el carpintero o el burócrata, de pronto nos resulten poseedores de verdaderos arsenales, definitivamente vamos contra esa actitud bélica.

Por estas razones, nos causó impacto que en el estado de Michoacán un buen día amanecieran operando algunos grupos que se denominaron “autodefensas” y que éstos realizaran algunas acciones inmediatas con el visto bueno gubernamental.

Con anterioridad habíamos visto que en Michoacán existía una grave problemática, pero también estábamos consientes de la imposibilidad tanto del gobierno federal como del estatal para solucionarla. La histórica redada que realizó Calderón, deteniendo figuras prominentes del sector gubernamental por supuesta relación con el crimen organizado, solamente fue considerada una gran torpeza que exhibió impotencia de las autoridades y creció a la delincuencia.

Nuestro país está acostumbrado al desorden, a las manifestaciones crónicas, al turbio manejo que hacen los políticos de las masas, todo forma parte del folklor nacional. Aquí, “Locho” Morán ya es un personaje que ha creado su propio estilo para inconformarse, así como los dirigentes partidistas grises de la oposición, que buscan impactar con acusaciones aventureras, oportunistas y protagónicas, todas sin fundamento ni seriedad. Exhibicionismo puro, simple deseo de justificar sus dietas.

Sin duda, un motivo de seria preocupación para el gobierno fue comprobar el tipo de armamento que sacaron a relucir los integrantes de las autodefensas de Michoacán, puro alto poder, de uso exclusivo del ejército. También puso a pensar a la actual administración federal la actitud de los michoacanos, quienes sin pertenecer a la delincuencia, simples civiles, mostraron destrezas en el manejo de armamento y una determinación asombrosa, un valor e intrepidez que dan escalofríos.

Definitivamente, existe una cultura sumamente violenta, hasta la gente de paz está familiarizada con el desorden y ahí, de plano, el valor de la vida se tiene en un nivel sumamente bajo. Por ello, seguramente las políticas están cambiando en este estado. No tiene caso llevar la situación a una confrontación seria entre los mismos michoacanos. Controlar el orden en la región purépecha es cosa de las corporaciones especiales de la federación.

En nuestra entidad debemos echar las barbas a remojar, queramos o no, nos encontramos cerca del ojo del huracán y aquí nos ha llegado mucha influencia del vecino estado.

Estamos en buen tiempo para aceptar que urgen medidas enérgicas para frenar la violencia y la inseguridad. Pero antes que nada, se debe constatar que en medio de este ambiente, no se estén permeando las instancias gubernamentales con la corrupción, que siempre se ha asociado al rompimiento de la tranquilidad de los pueblos.

Ha sido bien visto que Virgilio Mendoza, alcalde de Manzanillo, haya realizado un impresionante operativo al norte del municipio, buscando hombres armados que según se dice mantienen atemorizados a los campesinos de la región y se dedican placenteramente a la tala ilegal de los bosques. Una acción alentadora por una parte, pero preocupante por la otra, ya que no hubo ningún detenido y esto resulta más grave aún. La pregunta está en el aire, ahí está sucediendo algo y son los expertos en la materia los que deben buscar la respuesta a esta incógnita que mortifica y resulta sintomática, con mucho mar de fondo.

UN RAMBO PANISTA

Nuestro senador Jorge Luis Preciado sigue dando la nota y se está convirtiendo en un personaje típico del panismo nacional. Para su campaña política al Senado utilizó la música del Semental Italiano Balboa, mostrando una gran admiración para quien encarna en las cintas cinematográficas al invencible Rambo. Pero no solamente eso, sino que en poco tiempo ha sido protagonista de espectaculares eventos; en uno salvó su vida de milagro, mostrando intrepidez y astucia como el personaje del cine internacional. Hace poco tuvo que salir en helicóptero de una conflictiva situación en el vecino Michoacán y ahora se involucra en las acciones para denunciar con energía de un peligroso atentado contra un colega de Tamaulipas. Hacemos votos porque ya no protagonice actos violentos y mejor que programe otra fiestecita en el recinto parlamentario.