En la Mira


VACACIONANDO Y REFLEXIONANDO

 

René Montes de Oca

 

Pasé la Semana de Pascua recorriendo los altos de Jalisco y Guanajuato. Fue en San Julián, Jal., donde se inspiró mi reflexión, ejercicio que culminó en Dolores Hidalgo, Guanajuato.

La primera ciudad fue, en tiempos aciagos de principios del siglo pasado, un típico pueblecito que sirvió de cuna a la rebelión cristera, mientras que en la segunda población se inició el movimiento de la Independencia de México en 1810.

En comunidades como San Miguel el Alto y San Diego de Alejandría, Jal., aún se respira el fervor religioso que debió impregnar la región en los tiempos del distanciamiento Iglesia-Estado, que llegó al extremo del lamentable enfrentamiento armado entre fanáticos campesinos y fuerzas federales, que lastimó nuestra nación y quedó tristemente registrado en nuestra historia.

Luego, la cercanía con San Francisco del Rincón y la ahora progresista ciudad de León, Gto., alimentó un foco cristero tan fuerte en ese estado, que se inmortalizó con el colosal monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete.

En medio de esos recuerdos y con las vivencias de campos ahora fértiles y con cultivos prometedores, pero que durante la cristiada se tiñeron de sangre, como ya antes lo habían hecho en tiempos de la lucha por la Independencia de México, movimiento que precisamente también inició en esa región, mi mente se enfocó en la reciente visita del Papa Francisco y el cuestionado tema del laicismo mexicano.

Definitivamente, me inclino por la idea de que las lecciones de la historia deben asimilarse positivamente, condeno las luchas fratricidas como también detesto que el poderoso abuse de la ignorancia y la pobreza de la gente del pueblo. No admito una sociedad con grupos privilegiados, le apostaré siempre a la justicia social y la democracia.

Pero, ¿qué hay del laicismo en México?, ¿qué fenómeno está influyendo para moderar la práctica de esa doctrina que defiende la dependencia del hombre o de la sociedad y específicamente la del Estado de la influencia religiosa?

Fueron sin duda las Leyes de Reforma proclamadas por Juárez las que más lastimaron al clero mexicano, trastocando los intereses del Vaticano en nuestra nación.

Fueron radicales las medidas juaristas, pero solamente de esa manera era posible menguar el gran poder de la Iglesia, que en aquellos tiempos asfixiaba al incipiente Estado Mexicano.

Luego, en el constituyente de 1917, gente como Francisco J. Múgica, distinguido militar y político michoacano, se encargaron de impregnar en los artículos 3º, 27 y 123 la fuerte filosofía de un Estado Laico, invulnerable a toda influencia religiosa en la cosa pública.

Mucho se ha dicho que el documento del 17, más que laico, mostraba inclinación eminentemente anticlerical, de ahí que a la postre pasaron a ser lo que se conoce como “letra muerta”, aquellos preceptos constitucionales que se acataron pero no se cumplen a cabalidad.

El Partido Acción Nacional (PAN) se ha considerado el instituto político más católico, siempre ha cuestionado la forma de entender el laicismo en el país y con la alternancia en la Presidencia, Fox llegó al extremo de retirar la fotografía de Juárez de la residencia de Los Pinos, como clara protesta por lo que su corriente ideológica considera un laicismo mal aplicado en la nación.

En la actualidad es tema de fuerte controversia el laicismo que se imprimió en la Constitución del 17, se consideran urgentes algunas reformas, su actualización al nuevo modelo mexicano así lo requiere, proclaman algunas corrientes, principalmente con intereses religiosos e ideas conservadoras. Mientras que los radicales liberales ven con desesperación, la forma como muchas actitudes se apartan de los mandamientos constitucionales en ese tema, como por ejemplo esa práctica de invocar a Dios reiteradamente en actos públicos, así como la asistencia de funcionarios gubernamentales a eventos religiosos, la abierta proclamación de éstos como practicantes de alguna religión y hasta los ya rutinarios saludos de gobernantes mexicanos al Papa, con beso en la mano y sumisión al poder de la Iglesia, lo que no deja de considerarse una debilidad del Estado ante la religión, precisamente una acción contra la que se trató de blindar a la nación en la Carta Magna.

Pero al llegar a Dolores Hidalgo y recordar el grito, que no fue precisamente de Independencia, más bien un espaldarazo a Fernando Séptimo y un voto masivo de fervor religioso popular a la religión católica, siguiendo el estandarte de la virgen de Guadalupe, levantado en alto precisamente por un religioso, concluyo mi reflexión con este cuestionamiento: ¿Viva Juárez?, ¿o nos inclinamos por la convocatoria que surgió en Dolores Hidalgo, Gto., y que para nada hablaba de independencia, menos de la posibilidad de constituir un Estado Mexicano Laico?, ¿cuál sería la postura de Francisco al respecto en su reciente visita a México?, ¿seguirá respetando el Vaticano el laicismo mexicano, que ya se desmorona ante la diversidad ideológica de nuestro pueblo?