En Colima hay muchas canchas, pero no existe el verdadero deporte: Julio León


Víctor Gil Castañeda.-

“En el Estado de Colima hay muchas canchas e infraestructura, pero no existe el verdadero deporte colimense, porque el público no está identificado con sus jugadores, ni patrocinadores y autoridades. Este fenómeno solamente se vivió hace 30 años, cuando se formó el Equipo de Basquetbol Limoneros, bajo la tutela y entusiasmo de Carlos Luis Oldenbourg Ceballos, de quien ahora celebramos la presentación de su más reciente libro genealógico”.

Estas fueron algunas palabras dichas por el profesor Julio Alberto León Pérez, al finalizar la presentación del libro titulado “Tres Generaciones”, del empresario Carlos Luis Oldenbourg Ceballos. Los comentaristas oficiales del volumen fueron la Dra. Ana Josefina Cuevas y el Prof. Abelardo Ahumada González.

Julio Alberto León Pérez, miembro de la Asociación Colimense de Periodistas y Escritores (Acpe), además de catedrático en el Isenco, fue integrante del Equipo de Basquetbol Limoneros. Ha publicado algunos documentos sobre la historia de este deporte y numerosos artículos de divulgación en la prensa local. Recordó cómo hace 30 años se integró aquel equipo, con el apoyo económico y las eficaces gestiones de Carlos Luis Oldenbourg. Agregó que era tanto el éxito y la popularidad del plantel deportivo, que en varias ocasiones tuvieron que dejar el camión que los transportaba afuera del Auditorio Morelos, porque la gente llenaba las calles y las banquetas.

Los niños y jóvenes se abalanzaban sobre los jugadores para pedirles autógrafos, generando una identificación favorable con la ciudadanía, lo que propició el despegue de esta actividad física.

“La maestra y licenciada, Griselda Alvarez Ponce de León, entonces gobernadora de la entidad, nos invitó a desayunar en el mejor restaurante de aquellos años: Tabachines, ubicado entre las calles Zaragoza y Del Trabajo. Nos felicitó por el esfuerzo que hacíamos y a mí, en lo particular, por ser la única figura colimense en un equipo integrado mayoritariamente por extranjeros. Estupendos jugadores de selección nacional que medían más de dos metros de altura. De allí viene mi apodo de “Chamacú”, porque el entrenador de aquella época no podía pronunciar bien la palabra “Chamaco”. Yo era el más pequeño de todos y le dije a la gobernadora que haríamos un buen papel en la historia del deporte ráfaga. Hasta la fecha, no se ha vuelto a ver este fenómeno de identificación y camaradería entre público y jugadores”.

El doctor José Negrete, coordinador de difusión cultural de La Casa del Archivo y maestro de ceremonias en este mismo acto, dijo que él era un usuario permanente del inmueble  de la Unidad Deportiva Morelos. Se había dado cuenta cómo en los últimos años iban desapareciendo las canchas de basquetbol, para hacer otras instalaciones o darles otros usos, lo que iba en detrimento de esta práctica deportiva.

El libro “Tres Generaciones” fue presentado por primera ocasión en la comunidad de La Capacha, pero ante el éxito de la edición y sus comentarios, la familia Oldenbourg imprimió una segunda versión que se vende a cien pesos en La Casa del Archivo y en la tienda de El Pingüino sin Cola, ubicado por la calle madero. El profesor y cronista de la ciudad de Colima, Abelardo Ahumada, afirmó que el libro era toda una joya para la recuperación de la memoria colectiva, pues se pasaba de la tradición oral, a la impresa, y ésta queda permanente como ejemplo para las nuevas generaciones de lectores.

“¿Pero quién no conoce a esta bella familia, todo pundonor y espíritu de servicio? El matrimonio formado por ‘Don Chale’ y Ana Celia, son un digno paradigma de la excelencia en la pareja, ejemplo para las nuevas generaciones de novios y casamenteros. Siempre preocupados por ayudar al prójimo y atender las necesidades de los otros. Yo lo considero todo un líder, porque tiene el carisma y el atrevimiento para hacer las cosas.

“Hacerlas bien y con ganas, con entusiasmo, generando innovaciones y propuestas benéficas para sus colaboradores, como lo hizo al introducir la crianza de ciervos rojos y la carne de avestruz. Tuve la suerte de tener como amigos de educación primaria a sus parientes; Francisco Javier y Sergio Portillo Ceballos.

“Su señor padre atendía la empresa familiar MAP, en pleno centro de la ciudad, a donde yo llegaba para ponerme a leer cuanto me placía, sin que nadie me regañara o dijera algo. Iba leyendo por capítulos los libros que entonces yo no podía comprar. Sus parientes me invitaban a conocer las habitaciones del primer piso del Hotel Ceballos, dignamente ataviado para recibir a los turistas. Pero me fui a estudiar a otras regiones del país y nunca más los volví a ver. Cuando regresé, ‘El Chale’ era ‘Don Chale’ y su prestigio inundaba todas las acciones de beneficio social que se habían hecho en Colima; como empresario de los ranchos El Centinela y La Jedionda, administrador de La Feria de Todos los Santos, promotor deportivo a nivel nacional, funcionario público y un gran visionario para mejorar las cosas comunitarias.

“Por eso creo que su vida fue peliculesca, llena de anécdotas y hechos sorprendentes para una provincia colimense que estaba comenzando a despegar en todos los terrenos sociales y económicos. Imágenes de una transición acelerada que yo solamente había mirado en los antiguos cines, como Cuyutlán y Reforma. A su padre nada le vino de gratis, pues siempre trabajó en la ferretería de su abuelo, de origen alemán. Luego se fue a estudiar a Berkeley, California, de donde trajo su pasión por el deporte ráfaga.

“Después de jugar basquetbol, se iba al Jardín Libertad para ver pasar las lindas muchachas ‘De sociedad’, que abundaban en Colima. El equipo de basquetbol se llamó ‘Los Vagabundos’ y todavía se reúnen en sanas convivencias de tipo social, bohemias y plena camaradería. Este es un libro donde se refleja la historia de Colima, salpicado de ingenio y humor constante”.

La Dra. Ana Josefina Cuevas indicó que este documento le permitió ver los cambios y evoluciones de Colima, desde el siglo XIX hasta el presente. Tres siglos de anécdotas, remembranzas, avances, desarrollos y modificaciones de la epidermis social: “Es una mirada de larga duración, como dicen los historiadores, donde se aprecia el flujo de las genealogías, con sus recuerdos y memoria colectiva.

“Son 13 capítulos que no tienen desperdicio. Aprendemos de cada uno y entendemos esa complejidad de la evolución humana, la que no se da de manera fortuita, sino que está basada en la energía personal, la intercomunicación y la fuerza del espíritu que doblega las adversidades del tiempo, las caídas de los salarios, los vaivenes de la vida agrícola o del campo.

“Es un inmenso ciclo de tres generaciones únicas e irrepetibles, a través de las cuales entendemos que ni el tiempo, ni la memoria son lineales, pues los sobresaltos y las rupturas aparecen a cada instante. Factores que son complementados con un gran caudal de imágenes fotográficas, documentos bancarios, actas de nacimiento, que nos sorprenden en su registro final porque en nuestro país no estamos acostumbrados a llevar historias de familia. Es una cultura propia de las naciones europeas o desarrolladas, pero poco vista en Latinoamérica. Este es el otro gran valor del documento: Su registro histórico, comprometido con la memoria colectiva, sabiendo que podrían ser juzgados por otros lectores y nuevas miradas”.