El templo de La Merced y sus fiestas


Salvador Olvera Cruz

 

*1er. templo dedicado a la Virgen de la Merced fue edificado por frailes mercedarios
*Al decretarse Leyes de Reforma, el templo fue clausurado por gobierno de la época
*Posteriormente la construcción fue derribada en parte y dedicada a otras actividades
*Edificación del nuevo templo se inició en 1871 por el presbítero José Ramón Arzac
*Para edificar el templo se utilizó roca labrada por destacados canteros de la ciudad
*Con motivo del fuerte sismo de 1941, la cúpula y una de sus torres fueron derribadas
*En trabajos de reconstrucción, el templo perdió buena parte de su arquitectura original

 

Colima cuenta con tradiciones que han sido preservadas a través de los tiempos, representando éstas el recurso para que las nuevas generaciones tengan la oportunidad de conocer lo que sus ancestros con esfuerzo, trabajo y perseverancia fueron forjando, en los rubros de la cultura, la religión y festividades de toda naturaleza.

En ese marco nuestro Estado cuenta con un amplio repertorio de fiestas en cada uno de sus municipios, tales como las ferias que en su gran mayoría tuvieron un origen religioso, como también con celebraciones de corte cívico, y tradiciones culturales, que han permitido las nuevas generaciones abreven nuestro pasado.

Sin duda que las celebraciones religiosas fueron las que alcanzaron una importante significación, para posteriormente al convertirse en profano – religiosas, alcanzar mayores rangos de importancia en los medios sociales.

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En ese contexto se dio también la edificación de infraestructuras dedicadas a honrar a las deidades de cada época; pues así como en la etapa prehispánica surgieron grandes templos construidos por los nativos para honrar a los dioses, con la conquista se dio el surgimiento de templos de estilos diversos, muchos de los cuales son en nuestros tiempos consideradas verdaderas joyas arquitectónicas.

En el medio colimense como en el resto del país, se cuenta con un calendario cívico para rendir honores a nuestros héroes, como también con un calendario litúrgico para venerar a santos y vírgenes.

En ese contexto nuestro Estado como el país en general, experimentó con motivo de la conquista de parte de los españoles nuestros pueblos fueran adoctrinado en la religión católica, para lo cual la población nativa fue obligada por diversos medios a abandonar sus creencias y ser catequizados por los frailes venidos de España a desarrollar la cruzada de conversión al catolicismo.

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A Colima llegaron con esa misión evangelizadora frailes franciscanos, juaninos y mercedarios, los cuales además de cumplir con su misión catequista, se dieron también a la tarea de construir los templos y monasterios que complementaran la tarea religiosa encomendada.

De hecho la tarea evangelizadora no resultó nada fácil; pues los nativos buscaron por todos los medios a su alcance evitar la suplantación de sus dioses y creencias, dándose en forma paulatina una conversión donde convivieran sus creencias con las que les fuera predicada por los frailes.

En el devenir de los tiempos los pueblos conquistados fueron edificando los nuevos templos que los frailes les diseñaron dedicados a los santos y vírgenes que en su momento se determinaban.

En respuesta a lo anterior, encontramos en la geografía nacional y consecuentemente en nuestro medio, vestigios de centros ceremoniales prehispánicos edificados por nuestros antepasados, como también admiramos templos de diversos estilos edificados durante la colonia por las manos de nuestro pueblo, los cuales se yerguen orgullosos y altivos en el medio colimense.

En el caso concreto de Colima, se guardan vestigios de lo que fuera el antiguo templo de San Francisco edificado a instancias de los frailes franciscanos que llegaran a nuestro Estado a cumplir con su misión evangelizadora.

En ese mismo tenor se cuenta con los registros históricos en que se nos habla del templo edificado por los juaninos en terrenos que ocupa actualmente el mercado Constitución, como también con los vestigios del primer recinto edificado por los mercedarios, independientemente de las edificaciones de nuestra catedral y otros muchos templos que al correr del tiempo han sido construidos.

En ese sentido cabe mencionar que en cada uno de ellos se contó con festividades en honor de los santos y vírgenes que en ellos eran venerados, las que al correr de los años se han convertido en una tradición enmarcada en diferentes modos y costumbres, que han sido preservadas en mayor o menor medida.

Vale mencionar entre esos casos por citar algunos, la tradición de las festividades de la virgen de la Salud, de San José, de la Merced, del señor del Rancho de Villa, de San Felipe de Jesús, de la Guadalupana en Catedral – hoy Basílica Menor, -, las de San Francisco y más recientemente las del Perpetuo Socorro, de la Virgen del Refugio, de María Auxiliadora, y de San Martín de Porres.

En ese marco de festividades y templos, encontramos el caso del templo erigido para venerar a la Virgen de la Merced, el cual ha contado en el correr de los tiempos con dos sedes, el primero en los terrenos que ocupa actualmente la presidencia municipal de Colima, y el segundo, construido en el flanco oriental del Jardín Núñez.

La veneración a la virgen de la Merced en el medio colimense, se dio con la presencia de los frailes mercedarios que llegaran a Colima, quienes tuvieron que sortear la negativa del párroco de la Villa de Colima para ejercer por no contar con la autorización que les avalara su misión eclesiástica en el medio colimense.

Sin embargo, ante la circunstancia anterior, los mercedarios recibieron el apoyo total de los frailes juaninos, quienes les allanaron el camino para el cumplimiento de su misión catequista.

Aunado a lo anterior, los mercedarios contaron con la buena fortuna de que después de 10 años de estar siendo protegidos por los frailes juaninos, fue nombrado obispo en la capital del virreinato un miembro destacado de la orden de los mercedarios, razón por las que desde ese momento recibieron el apoyo total para el cumplimiento de su misión en Colima.

Fue en ese contexto como correspondió a esa orden religiosa asentada en Colima la edificación del primer templo dedicado en honor a la Virgen de la Merced, el cual estuvo localizado en la manzana oriental en que se encuentra ubicada la presidencia municipal capitalina.

La infraestructura levantada por los mercedarios consistió en un monasterio conformado por corredores y celdas para los frailes, como también con el templo en honor de la Virgen de la Merced que contaba con su torre y campanario, edificación que según los registros históricos contaba con singular belleza.

El convento y templo funcionaron hasta el año de 1855, pues con motivo de la expedición de las Leyes de Reforma, el convento de la Merced y su templo quedaron bajo el control del gobierno del Estado, recurriendo la administración gubernamental de la época a cerrar dichos espacios en forma definitiva.

Pocos años después de la intervención francesa, el templo y parte del convento fueron derribados, pasando dicho espacio a ser utilizado como centro educativo primero, y posteriormente como presidencia municipal, al mismo tiempo que algunas fracciones de dicho espacio fueron utilizadas como casa – habitación.

Sin duda que la destrucción del templo y parte del convento, representó una reprobable acción; pues su valor histórico reclamaba de su preservación. En nuestros días quedan sólo vestigios de lo que fuera tanto el convento como el templo, reduciéndose ello a muros y parte de una torre que se puede observar por la calle Gildardo Gómez, entre las arterias Gregorio Torres Quintero y 16 de Septiembre.

El cierre del convento, pero sobre todo del templo, en el año de 1855, generó la inquietud de la población devota de la Virgen de la Merced, que no dejaba sólo de añorar el recinto y sus prácticas religiosas; sino buscar por todos los medios a su alcance restituir el templo perdido en honor de la citada virgen.

Debieron pasar 16 años para que la población devota de la Virgen de la Merced viera una luz en el camino de restituir el templo; generado ello con la donación de un terreno que hiciera para tal fin en el año de 1871, la señora Luisa Espinosa viuda de Gómez.

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El terreno en donación era un predio baldío, en el que crecían huizaches, guamuchiles y algunos ciruelos, contándose además en dicho predio con un corredor de madera y tejamanil donde los arrieros dejaban sus bestias de carga

La superficie del predio donado por la señora Luisa Espinosa, comprendía la que actualmente ocupa el Templo de La Merced, es decir la cuadra de la calle Revolución comprendida entre las arterias Madero e Hidalgo, espacio en que se localiza la entrada principal del templo, y que se prolonga hacia el oriente hasta la medida cuadra de las calles Madero e Hidalgo antes mencionadas.

Sobre el terreno referido vale mencionar que una fracción del mismo por la calle Madero fue cedida por la señora Luz Córdoba para ampliar la superficie dl templo, con lo cual se logró que el espacio destinado para la edificación del templo y anexos, fuera de mayores dimensiones.

Como dato histórico al respecto, vale decir que la señora Luz Córdoba, fue hermana de la señora Francisca Córdoba, que fuera esposa del General Manuel Alvarez Zamora, primer gobernador Constitucional del Estado.

Contándose con el espacio para edificar el nuevo Templo de la Merced, correspondió al presbítero José Ramón Arzac, hacerse cargo de la tarea de construcción del recinto, iniciándose dicha obra el 22 de enero de 1871.

La edificación del Templo se realizó a base de piedra en su mayor parte, material que fuera acarreado en su gran mayoría del arroyo de la Estancia y potreros de esa población que contaban con gran cantidad de material pétreo, y en menor medida del arroyo del Manrique.

Para la construcción del templo se contó con el apoyo de buena parte de la población que veneraba a la Virgen, colaborando tanto hombres, como mujeres y niños, en el acarreo de arena y otras tareas en que su participación era factible.

Los hombres hacían el acarreo de arena por todos los medios, utilizando chiquihuites, costales y cajones que cargaban en bestias de carga, o bien sobre sus hombros o cabezas, en tanto las mujeres lo hacían según crónicas históricas en costalillos, pequeñas canastas, e incluso en sus rebozos.

En el caso particular de rocas utilizadas para los muros, columnas y capiteles con que contaría el templo, estas fueron labradas y modeladas a base de cincel y marro, creando figuras geométricas que pusieron de relieve la habilidad de los “canteros”, nombre con que eran conocidos los hombres dedicados a estas delicadas y esforzadas tareas.

Entre los canteros más destacados de la época destacaban entre otros: Bruno Figueroa, José González, Teófilo Hernández, Lucio Vázquez, Francisco Evangelista y Valentín Montaño.

El templo contó al ser terminado con una hermosa cúpula y dos torres, sin embargo, con motivo del fuerte sismo del año de 1941, cayeron por los suelos la cúpula y una de sus torres, en tanto que la otra, quedó seriamente dañada.

Con el desastre natural referido, el templo perdió buena parte de su sello original que le caracterizara como una verdadera joya arquitectónica pétrea, que lamentablemente al ser reconstruida años después, no observara una restitución fiel a su estructura original.

Adicionalmente diremos, que el templo de la Merced fue durante todo el tiempo que operó en nuestra ciudad el servicio de tranvía, testigo de sus operaciones; pues la esquina del templo con la calle Madero fue el sitio en que este daba vuelta para recorrer esta arteria a todo lo largo, hasta tomar la Pino Suárez y dirigirse a Villa de Alvarez.

Retomando el caso del recinto en honor de la Virgen de la Merced diremos que este desde su puesta en operación, siempre ha ofrecido a la población la oportunidad de venerar a dicha virgen día con día, como también celebrar año con año las fiestas profano – religiosas que se llevan a cabo con motivo del día dedicado en el calendario litúrgico a la Virgen que es el 24 de septiembre.

Respecto a lo anterior hay que señalar que pese a todo tipo de circunstancias, año con año se lleva a cabo en el templo de la Merced el novenario que en su honor se programa, y que concluye el día 24 de septiembre, celebrándose en ese marco distintos actos religiosos y eventos profanos.

Las fiestas comprenden en ese tenor además de misas, confesiones, exposiciones del santísimo, peregrinaciones, rosarios y comuniones, kermeses que se llevan a cabo en el atrio del templo, donde se establece una cenaduría en que se expenden todo tipo de antojitos regionales, y se disfruta de la lotería y tómbola que se organizan con la intención de recaudar fondos para el templo.

Igualmente en la parte exterior del templo y andén del jardín Núñez, se establecen distintos puestos de venta, como también pequeños juegos mecánicos para disfrute de los niños que acompaña a sus padres a las celebraciones religiosas, para finalmente el día del término del novenario, disfrutar el tradicional castillo que se quema como cierre de la celebración en honor de la Virgen de la Merced.

Finalmente diremos respecto a la Virgen de la Merced, que esta además de ser venerada en el templo a que hemos hecho mención, también es motivo de homenaje en el templo de la población de Quesería, donde también se le programa un novenario en su honor.