El problema de los saurios


Ramón González Pérez

Durante el mandato de la Profra. Griselda Alvarez al frente del gobierno del estado, como amante que fue de la naturaleza y los seres vivos que en ella se desarrollan, dispuso que en las faldas del Volcán de Colima se estableciera un venadario, para lo cual se trajeron especies de Yucatán y otras partes de la República, poniéndolo bajo el cuidado de los ejidatarios de La Yerbabuena. Con cuyos cuidados y protección de la Semarnat, muy pronto se vieron los resultados, reproduciéndose esas especies para el bien de la región.

Ante el crecimiento de los hatos de venados cola blanca y otras especies más, se tuvo que autorizar que se sacrificaran, con orden, desde luego, para beneficio económico de los propios ejidatarios, quienes al sacrificarlos se dieron a la tarea de comercializar su carne, aprovechando las pieles para beneficio propio y de sus familias. Sin que ello ocasionara algún daño a la especie. Personalmente participé en esta actividad, adquiriendo en varias ocasiones carne de venado, que es de un gusto exquisito.

En la actualidad, ignoro si aún se sigue comercializando la carne de estos animales o si existe el venadario.

Ahora, otro problema surge a raíz del rápido crecimiento de la población de saurios que existen en los vasos lagunares de la entidad, aunque habrá que recordar que también fue obra de la maestra Griselda el establecimiento de un sitio en el que se concentró en esa época la población de cocodrilos en la comunidad de la Laguna de Alcuzahue, en el municipio de Tecomán, en el cual también correspondió a los ejidatarios atender a la población de cocodrilos y si lograron sacrificar algunos para vender su carne y su piel, tan valiosas y demandadas por la población en general. Debo aclarar que también este sitio me tocó conocer durante mis visitas de supervisión escolar.

La constante presencia de lagartos en sitios de recreo como en la laguna del Valle de las Garzas, Miramar, La Boquita y varias partes más, ha ocasionado graves daños a los prestadores de servicio turístico, tanto de Manzanillo, como Tecomán y Armería, pues no resulta nada grato estar degustando platillos del mar y de pronto ver que uno de esos animales, por lo general de gran tamaño, se acerquen a querer compartir los alimentos.

Esto hace recordar lo narrado por algunos escritores en el sentido de que en Armería, las mujeres que acostumbraban ir a lavar a la orilla del río, comentaban el caso de una de ellas que para ir a tallar su ropa, dejó a su bebé en su cuna, precisamente a la ribera de la corriente, pero cuando regresó se dio cuenta que un enorme saurio se lo llevó entre sus fauces, por lo que corrió detrás de aquel depredador, pero fue inútil su intento, pues el animal se esfumó entre el manglar que allí existía. No pudo contener el llanto, el que terminó cuando la infeliz mujer perdió la razón.

Ahora el riesgo es inminente, pues con los escurrimientos de los ríos y las vertientes que bajan al mar, se ha incrementado la presencia de cocodrilos en toda la zona turística y aún en zonas habitacionales, sin que las autoridades responsables de su control hagan algo al respecto, a no ser que den declaraciones, señalando nada más que se implementarán estudios, que se buscará una solución y en ocasiones hasta echándole la bolita a las autoridades municipales, sin que digan que van a hacer y aplicar los cuantiosos recursos que se les asignan a nivel federal para el exacto cumplimiento de su deber.

Sin lugar a dudas, esto es producto de la improvisación de funcionarios, pues con tal de cumplir compromisos políticos o de campaña, se nombran delegados a elementos carentes incluso del contenido de sus obligaciones y de la manera en que deben proceder, pues son improvisados y lo único que saben hacer es buscar la manera de permanecer en el encargo para el cual no son eficientes y presumir su capacidad donjuanesca con distinguida política colimense.

Se requiere que en cada dependencia se ubiquen elementos que conozcan el contenido de sus obligaciones, pues no se puede nombrar como tesorero a un doctor, o en educación a un ingeniero agrónomo, para todas las funciones de gobierno hay elementos valiosos que bien pueden cumplir con su cometido.

No se puede ni se debe esperar a que suceda algo similar a la humilde lavandera de Armería para actuar en el caso de los cocodrilos fuera de control.

Es cuanto.