El mes patrio en una obra teatral de Aurelio Luis Gallardo


Víctor Gil Castañeda.-

ESTAMOS celebrando todavía los hechos históricos de la Independencia de México, iniciada en 1810 y finalizada en 1821. Un conflicto social y político que ha sido trasladado a numerosas producciones de las bellas artes, música, poesía, novelas, cuentos, cine y pintura. Este fenómeno de movilización y liberación geográfica, ocurrido en el Siglo XIX, se reflejó en diversas obras literarias de su época.

Por ejemplo, en el campo de la creación dramática está la obra “El cura Hidalgo”, de autor anónimo, estrenada en el año de 1857. Fernando del Paso publicó la novela “Noticias del Imperio”, donde relata los conflictos de la República Juarista contra las hostilidades de Maximiliano.

Hay otras producciones contenidas en el libro “Dramaturgia de las Guerras Civiles e Intervenciones: 1810-1867”. Fue editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en 1994. El estudio y las notas introductorias son del poeta Vicente Quirarte. La paleografía es de Mariana Pineda. La coordinación del volumen No. XV fue de Héctor Azar, en la colección “Teatro Mexicano. Historia y Dramaturgia”.

En este documento se incluye la obra titulada “Los mártires de Tacubaya”, de Aurelio Luis Gallardo. Es un drama en cinco actos, escrito en verso. En el primer acto nos relata las acciones bélicas que acontecen el 11 de abril de 1858, en el jardín del Arzobispado de Tacubaya. Los militares conservadores, comandados por Márquez, atacan la ciudad y sus instalaciones. Los soldados liberales ya no tienen balas, ni parque y son acorralados en el interior del inmueble. No temen por sus vidas. Al contrario, con ese fervor patrio que los caracteriza, antes desean la muerte que dejarse capturar vivos por los traidores, quienes logran penetrar las trincheras.

En el segundo acto, mientras los sobrevivientes huyen en retirada, se quejan de que el militar Mejía esté matando presos. No le perdona la vida a ninguno. Aparece la monja Sor Dolores y le confiesa todas las atrocidades al liberal Sánchez. En un hecho inaudito, los dos se juran amor eterno y ella le pide que cuide su vida en la batalla. Los soldados liberales, Sánchez y Covarrubias, se quejan al ver a tanto joven muerto, asesinados por los conservadores. Sus temores crecen cuando uno de sus hermanos es aprehendido y será llevado al paredón de fusilamientos. Se enojan cuando saben que el Tirano matará también a los médicos del lugar y demás trabajadores del Hospital.

El tercer acto sucede en la sala del Convento de los Dieguinos. El Tirano Márquez ha dado orden de matar a todos los demás presos, que son como 52 personas. Los matará en el monte, donde nadie se dé cuenta. Los soldados liberales lo acusan de traición a la patria. El Sargento Cázares intercede por ellos, pero el Tirano lo manda encerrar en un calabozo. El Fraile Manuel también aboga por los presos, ante el enojo del Tirano.

En el cuarto acto las acciones acontecen en el oscuro bosque, donde el Tirano los va matando en pequeños grupos. Antes de caer muertos, los soldados liberales le lanzan injurias a Márquez. El soldado Ferriz que acompaña al Tirano se siente muy mal por aquel acto tan cobarde. El quinto y último acto sucede en el Convento de Dieguinos, donde el Tirano Márquez se ufana de haber capturado 700 ciudadanos, a los que piensa matar inmediatamente. Aparece la novia del poeta Covarrubias y reclama su cadáver para darle cristiana sepultura.

Llegan otras madres de familia a ver los cuerpos de sus difuntos hijos, pero el malvado Márquez las lleva a un profundo pozo donde yacen todos tirados, mientras su risa diabólica inunda los pasillos y las paredes del lugar. Las mujeres y demás sobrevivientes le lanzan amenazas y maldiciones por su cobarde crimen.

 

EL AUTOR

 

Aurelio Luis Gallardo, poeta mexicano, nació en León, Guanajuato, el tres de noviembre de 1831. Murió en el condado de Napa, California, el 27 de noviembre de 1869. En su temprana juventud sus padres se establecieron en Guadalajara y estudió en el Seminario de esa ciudad.

Después de su matrimonio, se entregó totalmente a la literatura. Publicó numerosos poemas y pequeñas piezas para el teatro, que fueron bien recibidas. Su estilo es sencillo y natural. En sus poemas patrióticos se muestra una creencia entusiasta en el éxito ulterior de la República y el derrocamiento del Imperio. Estas producciones atrajeron la persecución de los imperialistas. Por eso, en 1866 se vio obligado a emigrar a San Francisco, California, donde continuó su labor poética. En el año de 1868 fundó, en San Francisco, el periódico “El Republicano”.