El liberalismo mexicano


Ramón González Pérez.-

Hace tres décadas se fraguó en nuestro país una propuesta, encabezada por Luis Echeverría Alvarez, José López Portillo y otros políticos de altos vuelos, que pretendían establecer en México el sistema neoliberal para gobernarnos, comprometiéndose a que quienes llegaran a la Primera Magistratura fueran egresados de universidades estadounidenses, como Harvard, para lo cual deberían ser tecnócratas, dejando de lado a los puramente políticos.

Dicho sistema tenía como sustento que la educación que se debería impartir en el país, sobre todo una educación que tendiera en todos sus aspectos a la tecnología, para lo cual se buscó y se realizó la creación de Institutos Tecnológicos de toda índole, como por ejemplo, en la región maderera, Durango y otras entidades caracterizadas por la producción de este tipo, se instaló el Instituto Tecnológico Maderero, y así en donde predominaba la pesca, se crearon Institutos Tecnológicos Pesqueros y por el estilo, en cada región se atendió la permanencia de tecnologías específicas.

Todo lo anterior tenía como principal objetivo crear trabajadores especialistas en cada área del saber científico, aunque no debo decir lo anterior, puesto que lo científico pasó a segundo término, dejando su lugar a las tecnologías, con lo que se buscaba, como lo están haciendo ahora, formar técnicos en todas las ramas, lo que redundará en mano de obra calificada y barata que ofertar a las empresas que supuestamente invadirán al país como resultado de la serie de reformas que en todos sentidos se acaban de aprobar y entrarán en vigor a partir del próximo año.

Así se formarán técnicos en la construcción que sustituirán a los arquitectos y de la misma forma a todos los profesionistas, pues de esa manera se evitarán pagos profesionistas y serán los tecnólogos los que suplan a aquéllos.

Treinta años después se está cumpliendo aquella sentencia de los neoliberales, ahora empezando con el episodio nefasto de Ayotzinapa, quedó demostrado que la intención inicial era acabar con aquella escuela Normal y así sucederá en otras grandes instituciones formadoras de docentes, las que se busca reformar y crear escuelas técnicas de toda clase.

Igual iba a suceder con el Instituto Politécnico Nacional, sólo que acá los estudiantes se dieron cuenta de la intensión y analizando el Plan de Estudios que les querían imponer, se opusieron con todas las fuerzas que fuera posible reunir y con el pretexto de exigir el nombramiento de su director, lo lograron para con él analizar lo relativo al citado Plan de Estudios, el que seguramente modificarán y lograrán que se aplique el tradicional, sin las reformas que se pretenden aplicar para eliminar algunas carreras profesionales y dejar solamente las técnicas, como lo pretende el famoso grupo de neoliberales.

Y es que no sólo es criticar por hacerlo, basta con que quien lo dude se introduzca al estudio de tantas reformas educativas, planes y programas de estudio, técnicas modernas supuestamente, y todo lo que se está aplicando en todos los niveles educativos, para darse cuenta de que nada es nuevo en realidad, no hay teorías modernas de la educación, son sólo refritos de algo que siempre se ha tratado de aplicar en nuestro país, de 30 años a la fecha sólo se aplican técnicas que se importan, no hay textos de pedagogos nacionales a no sé, dos o tres educadoras que han ganado fama, pero de ahí en adelante lo único que se hace es organizar congresos, reuniones nacionales y conferencias a las que se envía a la capital del país a jóvenes y guapas educadoras para que adquieran los supuestos conocimientos que luego vendrán a reproducir entre sus colegas para que así tome forma la tan cacareada reforma educativa, con la modernidad de suspensión los últimos viernes de cada mes para que se reúna el Consejo Técnico Escolar que, bajo la supervisión de los directores de escuela, analizar lo que se está haciendo y planear lo que se va a hacer, pero sin un sustento ideológico nacional, sin técnicas modernas de educación ni propuestas que lleven por buen camino el proceso de enseñanza-aprendizaje, sino solamente atendiendo a los postulados que desde hace 30 años se impusieron por aquellos tecnócratas que aún ahora siguen gobernando nuestro país.

Esa es la triste realidad de la educación pública en México y, mientras no exista poder humano capaz de oponerse a esa disposición oficial, seguiremos hundiéndonos y hundiendo a la niñez y juventud que se supone están en las manos del magisterio nacional.

Es cuanto.