El Greco (Primera parte)


Cuquita de Anda.-

Investigando la pintura manierista

Dominicos Theotocópulos (o Theotocópuli) es la forma que el  mismo artista adoptó en Italia, quien desde su establecimiento en Toledo fue conocido, sobre todo, por el apelativo de El Greco (grafía mixta de Italia y español), aunque todavía hoy rodeado de una aureola mítica; bien por los hechos de su vida, bien por el mundo singular de imágenes de que fue creador, no es ya una figura tan legendaria como pareció serlo a los re- descubridores  modernos de su genio, artístico  y literatos que anticiparon la paciente revisión de su arte hecha por la crítica.

En la actualidad, gracias a las investigaciones de estudios de diversos países, podemos contar con algunos datos seguros sobre su vida, que vienen  a complementar las escasas fuentes de la época del pintor. Es seguro su nacimiento en 1541, en la isla de Creta, dominio veneciano desde el siglo XIII; seguro es, su presencia en Venecia, en la escuela de Ticiano, antes de 1570. Sus relaciones en dicha ciudad fueron acaso fáciles porque su hermano Manussio, quien después se reunió con él en Toledo (donde murió  en 1604), era inspector de aduanas de la Serenísima República en Candía. Hasta 1962 no se descubrió (Mertzios) un documento por el que sabemos que el 6 de junio de 1566, “Maistro Ménegos Theotocópulos (pintor)” firmó un acta como testigo en Candía.

Este documento, aunque no excluye la posibilidad de anteriores viajes a Venecia, refuerza la hipótesis de una formación en el ambiente artístico cretense, que en aquella época no era tan atrasado como se creyó alguna vez, sino que, por el contrario, constituía el punto de encuentro de motivos y fórmulas iconográficas accidentales (granados de carácter “(manierista”) con el estilo fundamental bizantino; en consecuencia, parece verosímil la partida definitiva del Greco para Venecia, ya hábil pintor de tipo “madonero”, después del 1566, año de la muerte de su padre, y , por tanto, la identificación de Theotocópulos con ese   “Greco de mucha valía, ” que Ticiano señalaba, en el 1567, a Felipe II; en fin. Resulta normal un discípulo de dos o tres años con Ticiano, antes de la partida para Roma en el 1570, documentado por la carta de Julio Clovio, pintor miniaturista, que estaba, en Roma, al servicio del Cardenal Grimani, y que recordó al Catedral Farnesio “al joven candiota discípulo de Ticiano”  como pintor excelente.

El periodo romano del Greco, que no debió durar mucho, a juzgar por el intenso retorno al estilo veneciano de sus últimas obras italianas, está ilustrado por el relato del médico Julio Mancini (escrito entre 1614 y 1630). Faltan documentos del periodo veneciano, entre otras razones por el hecho de que, como católico que era, el Greco no entró en la floreciente comunidad griega ortodoxa de Venecia, que llevaba registros de sus feligreses, pero el análisis estilístico de sus obras de entonces aboga por una vuelta a la Ciudad de la Laguna, donde debió permanecer hasta 1576, partiendo de allí en ese año, acaso para escapar a la peste que ocasionó la muerte de Ticiano, para trasladarse a España. Se puede pensar, razonablemente, que se sintiera atraído a la península ibérica por la esperanza de trabajar en la decoración del Escorial, comenzado poco antes, o por la amistad que lo ligaba a algunos altos prelados españoles residentes en Roma y amigos del bibliotecario de los Farnesio, Fulvio Orsini, concretamente Don Pedro Chacón y Don Luis de Castilla, quien fue después ejecutor testamentario del pintor, en 1614, y cuyo hermano, Don Diego, se ocupaba de la construcción de la iglesia toledana de Santo Domingo el Antiguo.

Continuará…