El Faro


Gildardo García Beltrán.-

Si realizaran una encuesta entre los nativos porteños, seguramente que responderían sobre la necesidad de convivir como en aquellos tiempos cuando había menos de todo pero se disfrutaba de tranquilidad.

Ya que la realidad nos muestra que las grandes ciudades ciertamente son el eje de las transformaciones de nuestra época, alimentan el progreso y el cambio, son centros de poder político, actividad económica, de consumo e intercambio.

Desde ellas se accede más fácilmente a la información, a la educación y la salud, pero también son espacios de pobreza y violencia.

Antaño no se veía en la señal de TV los eventos deportivos como boxeo y novelas, se escuchaban por la radio. Había un hospital civil y el centro de salud, cuatro academias, obviamente también había pobreza, pero se desconocía en lo absoluto lo que era la violencia. Mientras que el servicio de la luz era hasta la media noche.

Hoy, en cambio, la entidad porteña ha crecido considerablemente, llegando a tal grado que la vida se torna menos vivible, ya que se hace rápida, dándonos la impresión de que todos tienen prisa, aumentando la contaminación y el tumulto de la gente.

Vivimos en una sociedad acelerada, en donde los cambios en muchas áreas, como tecnología, sociedad, economía, cultura, son muy rápidos.

Seguramente para las nuevas generaciones todo es normal y cuanto ocurre en la actualidad, lo van a extrañar si el día de mañana, Dios no lo quiera, tengan que enfrentar situaciones más difíciles, por lo que deberán estar preparados, porque todo puede suceder si consideramos que la dinámica de la vida, cada vez más trasciende hacia espacios desconocidos.

Siendo lo más importante que no se pierdan los núcleos familiares de donde nace la fortaleza para que predominen los valores humanos, la pobreza es soportable, pero la violencia, definitivamente no.

CASOS Y COSAS

El hombre que no conoce el dolor, no conoce ni la ternura de la humanidad ni la dulzura de la conmiseración. Rousseau.

LOS ACCIDENTES VIALES en donde la pérdida de vidas humanas son el pan nuestro de cada día, lejos de disminuir se incrementan. La nota roja nos muestra cotidianamente el registro de los mismos tanto en la zona urbana como en las carreteras aledañas.

En ocasiones nos da la impresión de que las autoridades encargadas de prevenirlos han transformado sus dependencias en oficinas recaudatorias, interesándoles más lo que ingresen a las arcas públicas, que desarrollar acciones preventivas.

Lo cual es entendible, puesto que si no se dieran las infracciones al reglamento de tránsito de los tres niveles, pues simple y sencillamente no habría tantos ingresos para todos.

A PROPOSITO, el día de ayer martes, al filo de las 13.00 horas, la persona encargada de solicitar fondos para el asilo de ancianos por medio del boteo, estuvo a punto de ser atropellada cuando un conductor que se desplazaba por la calle Cedros, viniendo de Manzanillo hacia el Valle, se metió en sentido contrario, invadiendo el otro carril para eludir a quienes estaban aportando su cooperación, lo que obligó al conductor que venía por su carril normal, a realizar maniobras para eludir al infractor y al buen samaritano, situación que ocurre porque los agentes de tránsito brillan por su ausencia en varios puntos de la ciudad.

EN LA AGENDA PUBLICA predomina el desprecio hacia un importante sector de funcionarios públicos, diputados, policías y algunos políticos, quienes ignoran que sus funciones son para beneficiar a la ciudadanía, pero no para beneficiarse ellos mismos en compañía de familiares y amigos, con lo cual están haciéndole un monumento enorme a la corrupción.