El Faro


Gildardo García Beltrán.-

Paralelamente con el desarrollo que se registra en el municipio porteño en materia de infraestructura urbana durante los últimos años, se ha venido observando también cómo no se han dejado de lado las necesidades de los discapacitados.

En la actualidad, este sector tiene acceso prácticamente en todas partes, siendo en esta administración municipal cuando más se han realizado adecuaciones en las banquetas para que gente con discapacidad motriz pueda desplazarse en silla de ruedas en las principales calles del casco urbano.

Tras consolidarse nuevos proyectos, construyéndose importantes vialidades, así como puentes elevados, no estaría por demás recomendar que continuaran respetando las disposiciones que sobre el particular prevalecen, para que este sector se pueda integrar a las actividades cotidianas sin mayores problemas.

Que no vaya a suceder lo que ocurre en Colima capital, en donde de entrada podemos asegurar que sus banquetas son prácticamente intransitables para las personas normales, ya no digamos para los discapacitados que se desplazan en sillas de ruedas.

Porque muchas de ellas son “medias banquetas”, en una gran parte del casco urbano luego, que cuentan con “rampas de entrada para vehículos”, reduciendo así los espacios de tan importantes vialidades peatonales.

Situación que hace bastante problemática tanto a las personas con sillas de ruedas como a los invidentes, por lo que las autoridades municipales de esa entidad deberían poner especial atención en ese punto, ya que las banquetas también son bastante altas y en las esquinas no se observan tampoco adecuaciones para que discapacitados puedan transitar en sillas de ruedas.

Con la Ley de Inclusión a la Discapacidad, creada por decreto presidencial, la infraestructura de cualquier construcción nueva debe estar adecuada para satisfacer las necesidades de las personas con capacidades diferentes, en tanto que deberán de corregir las fallas prevalecientes hasta ahora.

CASOS Y COSAS

Donde no se puede amar… hay que pasar de largo. Nietzsche.

A JOEL LOERA, mejor conocido como “El Toco”, lo conocemos desde los años 50’s, época en la que ignorábamos también lo que era “un discapacitado”, pues se les llamaba de otra manera.

Con el añadido de que quien siempre ha sido todo un personaje, prácticamente desde la niñez empezó a transformarse, realizando ejercicios tanto para desarrollar su físico como para aprender a caminar sobre sus manos.

Lo que le permitió esquiar, sostener a chamacos en una sola mano, sostener su cuerpo sobre su dedo pulgar, o lanzarse en las plazas de toros para caer en la arena sobre sus propias manos.

Son muchas las actividades que sabe realizar por sí solo, nunca ha sido dependiente de nadie para ganarse el sustento diario para él y su familia, porque ha sido un luchador incansable.

De ahí que su tablita adecuada con cuatro ruedas de patín para desplazarse en la ciudad, pronto haya sido cambiada por “cuatro ruedas de hule”, ya que desde muy joven contaba con automóvil propio, adecuado por supuesto a su condición física.

Como el tiempo no perdona, de unos años a la fecha ha sido el animador de conocido botanero, contando además con un taxi, lo que le permite vivir sin sobresaltos, situación que lo hace más admirable porque se entiende que en esas condiciones y con la edad que tiene, ya era para que lo mantuvieran sus hijos. Porque eso sí, pese a todo, es padre de más de cuatro.