El Faro


Gildardo García Beltrán,.

Por muchos años, el municipio porteño tuvo su auge comercial como resultado de la abundante agricultura y ganadería que predominaba en la zona rural.

Abundaban las farmacias, perfumerías, tiendas de abarrotes, de ropa, zapaterías entre otros tantos giros, todo ello propiedad de conocidas familias porteñas a quienes les sonreía la prosperidad.

A los locatarios y tablajeros del mercado Reforma que antes se encontraba por la Av. México, en donde ahora está lo que se conoció como centro comercial, también les iba bastante bien, ya que ahí se podía encontrar de todo. Lo del centro comercial digo que se conoció como tal en un principio, porque ahora es un inmueble que está siendo abandonado, por todas partes lucen locales vacíos.

Pese a ser Manzanillo una población relativamente pequeña allá por los 50’s, el comercio era boyante, prácticamente no había carencias porque hasta el dinero tenía mayor poder adquisitivo.

Siendo común observar a las familias de origen campesino y a las del medio, realizar sus compras en el negocio de su preferencia porque lo que se ganaba ajustaba más que ahora para cubrir las necesidades básicas.

A estas alturas, tanto la agricultura como la ganadería prácticamente se han exterminado, aquellos abundantes sembradíos y hatos de ganado, tampoco ya no existen, obviamente ni los agricultores ni ganaderos de esa época.

Ahora el comercio que es totalmente diferente al que conocimos, se nutre de la economía que generan la infinidad de empresas establecidas en el medio, sobre todo las portuarias y Mar Industrias.

Mientras que las parcelas ahora se han transformado en enormes núcleos habitacionales, quienes obviamente demandan más de todo, situación que han aprovechado los grandes negocios departamentales asentados aquí, para darles la puntilla al viejo comercio del casco urbano, sobre todo, a aquellos que no vislumbraron el futuro para realizar cambios y transformaciones en sus negocios.

En aquella época, hasta en la zona de tolerancia había negocio para todos, por las noches se registraba un gran bullicio porque no eran solamente burdeles, sino que había tienditas y restaurantes en donde vendían muy buenos alimentos. Mientras que ahora, ya no existe tampoco nada de eso.

CASOS Y COSAS

Teme a la vejez, porque nunca viene sola. Platón.

LA INICIATIVA ANTICORRUPCION, instrumentada por el alcalde Virgilio Mendoza Amezcua, resulta ser un eslabón más en la cadena de aciertos de una administración en donde siempre han predominado las buenas acciones.

Pero sobre todo, porque el presidente municipal predica con el ejemplo, con un accionar a todo ritmo sin reposo alguno, por tal de cumplir a satisfacción con su encargo constitucional, mismo que es respaldado por la honradez.

Hombre sencillo y de trato amable, es común observar a Mendoza Amezcua como un ciudadano común, no como la autoridad que es, todo porque se ha inclinado más por el trabajo que por el culto a la personalidad.

Vemos en el munícipe, al tipo de funcionarios públicos que se requieren ahora cuando las carencias brotan por todas partes, mismas a las que hay que darles solución a base de sacrificar hasta la convivencia con la familia.

Volviendo con su iniciativa, sólo falta complementarla practicando la cultura de la denuncia y por supuesto, no contribuyendo a la misma ofreciendo mordidas para hacer negocios o cosas ilegales.

COMO QUE LA JURISDICCION SANITARIA en la entidad ha estado aplicando medidas sanitarias en algunos negocios dedicados a la venta de alimentos. Ya era tiempo, acciones como esa deben ser permanentes para proteger de alguna manera la salud de los comensales y los únicos que los pueden meter al orden, son precisamente los encargados de vigilar la salud de la población.

Por lo que aparte del “gorro de plástico”, en las cocinas deben de utilizar tapabocas y guantes, porque cuando andan preparando los alimentos, estornudan, manejan dinero y ni tan siquiera se lavan las manos, no faltando quienes incluso hasta traen en la mano el klinex con el que se secan la nariz, lo cual aparte de dañino, es totalmente asqueroso, por lo que hasta las ganas de comer se quitan.