El Faro


La peste

Gildardo García Beltrán.-

Desde hace más de ocho décadas existían unas ruinas en las curvas de Miramar, por el lado derecho, yendo de Manzanillo hacia ese punto. En nuestra infancia escuchábamos que en ese sitio habían sido confinadas para poner en cuarentena a cientos de personas atacadas por una peste, de la cual no tenían salvación, pues morían al poco tiempo, de ahí que las hayan enviado lejos de lo que en ese tiempo debió ser el núcleo habitacional porteño.

Razón por la cual, durante muchos años permaneció abandonado el lugar, tal vez por el miedo de no saber de qué se trataba, y vaya que quienes conocíamos lo que se contaba, hasta sentíamos cierto temor cuando pasábamos por ahí con rumbo a Cihuatlán, por una carretera que era de pura terracería.

Con el paso de los años, nos enteramos que en plena Revolución aparecieron diversas pestes, entre ellas la influenza española, que reapareció en Texas allá por el año de 1918, mostrando mayor intensidad, por lo que era necesario tomar toda clase de medidas, ya que resultó ser la más mortífera.

Ahí se había gestado la que azotó a México provocando -según fuentes de esa época- más de 300 mil víctimas, sin contar con las que seguía causando en Tabasco, Chiapas, Campeche y Yucatán. No debiendo descartar que seguramente muchos de los enfermos arribaron a Manzanillo a bordo de embarcaciones procedentes del extranjero.

Ahora, estando ya en pleno siglo XXI, se ha venido observando cómo han estado transformando a ese lugar, mismo que tras tumbar las ruinas, ya está debidamente lotificado, por lo que en corto plazo posiblemente se convierta en un moderno núcleo habitacional. De momento, permanecen como mudos testigos del pasado, únicamente la fachada de dos fincas ruinosas, mismas que seguramente van a desaparecer también.

Para lo cual, tanto las autoridades de la salud como las municipales, dieron los permisos correspondientes considerando que en el lugar ya no existe ningún virus que ponga en riesgo la vida de las personas que habitarán en esa zona, a las que por mi parte, ni de visita iría porque aún perdura el miedo.

CASOS Y COSAS

Los hombres se fijan ellos mismos su precio, alto o bajo, según mejor les parece, y nadie vale sino lo que se hace valer. Epicteto.

LAS FIESTAS DE MAYO pasaron sin pena ni gloria, no respondieron a las expectativas, porque más bien se convirtieron en una taquería gigante.

En cierta forma les concedemos la razón a las autoridades municipales, encabezadas por el alcalde Virgilio Mendoza, por una sencilla razón: ¿Le organizas a la comunidad una gran fiesta o apoyas económicamente a los miles de personas que están pasando las de Caín económicamente hablando?, porque vaya que predominan las necesidades en bastantes familias.

Por lo que sentimos que en estas condiciones, francamente está mejor invertido el dinero, ya habrá más adelante para organizar un mejor evento.

Aunque también es cierto que deberán de medirle “el agua a los camotes”, porque predomina la gente ventajosa que a todo desea sacarle provecho, estando seguros de que quienes verdaderamente tienen necesidad no asoman la cara, como pueden sobreviven por tal de no andar pasando vergüenzas, mientras que a los ventajosos ni pena les da.

LAS AUTORIDADES DE TRANSITO deberían destinar un punto específico para que los camiones urbanos, que no trabajan por la noche, fueran concentrados. Lo anterior, porque por todas partes los dejan estacionados en la vía pública, lo cual dificulta el tránsito vehicular, aparte del mal aspecto que ofrecen.

LA DIRECCION DE SERVICIOS PUBLICOS MUNICIPALES, en ocasiones envía personal para que barran las calles, lo cual es muy positivo. Lo único malo es que generalmente dejan las bolsas llenas de desperdicios en las banquetas y por varios días, como que a los trabajadores que traen la camioneta recolectora, se les olvida pasar a recogerlos, lo que permite que los vagos hagan de las suyas volviendo a desparramar la basura.