El ciudadano apolítico


René Macías Zamora*

 

De acuerdo con el diccionario, un ciudadano apolítico es aquel que se caracteriza por una despreocupación más o menos radical y constante respecto de las cuestiones políticas y las ideologías. Es un individuo que no encuentra interés en la política existente o no aprueba ninguna de las ideas políticas que conoce, por lo que decide voluntariamente desprenderse de toda actividad política de su entorno.

Sin embargo, ¿se puede realmente ser apolítico?, ¿es posible aislarse completamente de toda relación con la política y con los políticos? Con frecuencia me ha tocado escuchar personas que se dicen apáticos con relación a la política, argumentando que a ellos nadie les ha regalado nada, que viven de su trabajo y que el que está “jodido” es porque quiere, que trabajo hay “mucho”. Dicen que la política no les afecta en nada y se expresan despectivamente de los políticos.

Esta posición me parece desafortunada porque aparenta el desconocimiento de los mecanismos con que la política afecta su vida. Por ejemplo, en relación a los ingresos, el salario que recibe por su trabajo es una cantidad determinada por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos; asimismo, el pago que recibe por sus productos son cantidades fijadas por organismos en manos de nuestros políticos.

Recuerde que, a partir del primero de enero del 2015, el salario mínimo se incrementó en 4.2 por ciento para alcanzar 70.10 pesos diarios para el área A y 66.45 pesos para el área B. Mientras los diputados ganaran 75,379 pesos mensuales más un apoyo económico por asistencia legislativa de $45,786 más $28,772 por atención ciudadana, más un aguinaldo de $199,887 más $33,360 por concepto de ayuda para despensa más $58,028 por seguro de vida institucional más $91,015 por seguro de gastos médicos mayores. Los senadores ganarán entre 350,000 y 550,000 pesos mensuales.

Por otro lado, los precios al productor de los 10 cultivos más importantes en la oferta nacional (fríjol, trigo, cebada, etc.) presentan una tendencia negativa a partir de 1990 (Antonio Yúnez, Colegio de México). Por poner un ejemplo, a un productor de papaya le pagan aproximadamente a tres pesos el kilo de fruta, en las tiendas de autoservicio se vende en 17 y 18 pesos el kilo, es legal que los intermediarios ganen mucho más que el productor gracias a nuestros políticos.

¿Usted cree que las grandes tiendas de autoservicio o las agencias aduanales asentadas en nuestra ciudad no tienen las suficientes utilidades para pagarles un poco más que los salarios de hambre que les pagan a sus trabajadores? Claro que sí, pero son sueldos legales, autorizados por nuestras autoridades.

De igual manera, los costos de los productos o los servicios que recibe son autorizados por entes gubernamentales. Imagine usted que deposita mil pesos (por decir una cantidad) en un banco, ¿sabe cuánto le pagarían de intereses por esa cantidad en un año? Prácticamente nada. Es más, si de descuida, con cualquier pretexto se los desaparecen. Ahora imagine el caso contrario, que usted le debe mil pesos al mismo banco, si no le paga, ¿sabe cuánto le debería después de un año? Seguramente le estarían cobrando vario miles de pesos e intentando embargarle hasta su casa.

Estas enormes diferencias entre lo que cobran de intereses y lo que pagan los bancos por este concepto son autorizadas por nuestro gobierno. Así como los incrementos en el costo de la gasolina, la luz, el gas, el predial, las placas, las tortillas, etc.

Podríamos seguir enumerando ejemplos, pero, para mí, es claro que el ciudadano apolítico que presume de estar en una posición neutra, es político y más que el político, pero no lo reconoce, o lo que es peor: No lo sabe. Cree estar en el centro perfecto, pero está a la derecha.

También he escuchado aquellos ciudadanos que se dicen adeptos de tal o cual partido y le van como irle a las Chivas o el América, se sienten satisfechos si “su” partido gana las elecciones, sin estar completamente conscientes de la manera en que ese triunfo afecta su vida y bienestar.

Sin embargo, si su equipo gana o pierde el campeonato, su vida no se verá más afectada que perder su cabellera en una apuesta. Pero si las elecciones son ganadas por un partido político o por otro, puede ser la diferencia entre que su hijo se dedique al narcotráfico y termine asesinado en una brecha o pueda ingresar a la universidad e incorporarse a una vida productiva.

Regidor del PRD en el Cabildo*