El caso Ayotzinapa


René Macías Zamora*

Lo sucedido en Ayotzinapa, Guerrero, ha ocupado los titulares de los medios de comunicación escritos, radio, televisión e incluso las redes sociales, no sólo de nuestro país, sino de todo el mundo, desde que estos hechos ocurrieron el 26 de septiembre del presente año y continúan vigentes, porque es una barbaridad indescriptible y porque aún, no hay respuesta.

No han sido localizados los estudiantes desaparecidos y a pesar de que se dice que han sido capturados los autores materiales e intelectuales, las explicaciones e informes emitidos por las autoridades cuentan con muchas inconsistencias.

La versión de que los cuerpos de los 43 estudiantes fueron incinerados hasta reducirlos a cenizas en una hoguera a cielo abierto parece prácticamente imposible, dado que se requeriría alcanzar temperaturas cercanas a los mil grados centígrados, que sólo se logran en hornos especiales, donde aún así, los huesos permanecen prácticamente intactos.

Igualmente, la captura del ex alcalde Abarca, en la madrugada, perfectamente vestido con traje, al igual que su esposa, no deja de ser bastante extraño.

Mientras tanto, todo el mundo observa a Peña Nieto viajando al extranjero del brazo de su esposa, la actriz de telenovelas, sin importarles que 43 familias mexicanas hayan perdido a sus hijos y sin darles una respuesta, acusado de recibir de manera sospechosa una mansión de 80 millones de pesos y tratando de hacernos creer que su esposa la adquirió con las ganancias de la realización de un par de telenovelas en Televisa (imagine usted el imperio de Chabelo, con tantos años en Televisa).

A pesar de que fue evidente la intención de Peña Nieto y el PRI de tratar de culpar completamente al PRD de lo ocurrido en Iguala, por ser el partido que postuló al ex gobernador Aguirre y al ex alcalde Abarca, les fue imposible ocultar que ambos son priístas.

Sin embargo, el verdadero culpable es el Ejecutivo federal, por auspiciar el clima de violencia, corrupción e impunidad que desde hace muchos años vive nuestro país.

El caso Iguala ha puesto de manifiesto que el sistema judicial y de seguridad pública es disfuncional, igualmente evidenció que Peña Nieto es un líder incompetente, por el mal manejo, por su indiferencia y por su negligencia. Trata de hacernos creer que estos actos son violencia local, cuando es evidente que son delitos cada vez más comunes, recordemos Tlatlaya, la Guardería ABC, Aguas Blancas, Atenco, etc., casos que indican un mal mucho más grande (sólo desapariciones oficialmente se reconocen cerca de 30 mil, pero hay organizaciones no gubernamentales que cifran el número de víctimas en 300 mil).

Este contexto también expone que las fronteras entre el crimen organizado y los funcionarios de alto nivel del gobierno mexicano se hacen más difusas.

Otro aspecto a considerar, es el hecho de que en México, país de trasiego de drogas, donde el narcotráfico se realiza por toneladas, existe una gran estructura, imagine el tamaño de la estructura criminal en Estados Unidos, necesaria para realizar la distribución de todas esas toneladas en dosis de gramos, parece claro que la tienda donde se expende necesita más empleados que el tráiler que transporta la mercancía.

Sin embargo, en México es, con mucho, más estridente la presencia de esos grupos; en nuestro país se pasean a la vista de todos, asesinan ciudadanos, desaparecen migrantes, estudiantes, secuestran, violan y asesinan mujeres. Nunca se ha preguntado, amable lector, ¿por qué es así?, ¿por qué en Estados Unidos apenas se escuchan noticias relativas a la presencia de narcotraficantes? Indudablemente es porque en México el gobierno es un Estado débil, amarrado de manos por todos los compromisos adquiridos con aquellos que lo financiaron para que comprara la presidencia, con aquellos que financiaron las tarjetas Soriana y Monex.

¿Es este el país que merecemos?, ¿es éste el país que le dejaremos a nuestros hijos?, ¿no podemos hacer nada para cambiar esta realidad? Deberíamos iniciar por no vender nuestra dignidad, no vender nuestra conciencia, no vender el futuro de nuestros hijos, no vender nuestro voto.

Regidor del PRD en el Cabildo*