Editorial: Indolencia y tragedia


Una tragedia que pudo ser prevenible mantiene ahora a una familia tecomense llena de dolor e impotencia por la pérdida de una pequeña de escasos 3 años que fue prácticamente devorada por el caudal de una descarga de aguas residuales en un centro deportivo de Tecomán, al caer accidentalmente a un pozo de visita que carecía de tapa.

A pesar de que se trata de un accidente, la responsabilidad de la carencia de una tapa en un pozo de visita recae directamente en el ayuntamiento, en virtud de que es el responsable directo del servicio público de agua y saneamiento a través del organismo operador.

Era prácticamente cuestión de tiempo que se conjuntaran una serie de factores para que la tragedia ocurriera y ese día llegó, hecho que levantó indignación y dolor entre quienes se enteraron de la tragedia a través de los medios de comunicación y las redes sociales condenando la falta de mantenimiento a dicho pozo.

No hace muchos años un incidente similar ocurrió en el Parque Hidalgo de la capital del estado, cuando un menor fue literalmente tragado, mientras nadaba, por un sistema de absorción que ayudaba a circular el agua de un lago y su fuente; un hermano del menor logró ponerse a salvo, de lo contrario el luto hubiese sido doble.

Igualmente, durante una tormenta una mujer fue arrastrada al caer en un canal recolector de aguas pluviales en la colonia Infonavit de la ciudad de Colima y dicho canal permanece en las mismas condiciones, a pesar de que la mujer murió.

Desgraciadamente siempre tiene que ocurrir este tipo de tragedias para que la autoridad ponga las cosas en orden y atienda las deficiencias en los servicios públicos, pero a veces ni siquiera así.

Un daño irreparable, como la pérdida de una vida humana por una deficiencia de tipo material, necesariamente es un asunto que debe ser tratado con toda la atención y el cuidado; lo menos que podría pedirse es que se investigara y deslindaran responsabilidades, así sea por presunta omisión.

La falta de mantenimiento de la infraestructura también ha provocado accidentes y daños en el patrimonio material, como automóviles y los ayuntamientos, a pesar de que es su responsabilidad cubrirlos, trata por todos los medios de evadir su responsabilidad, por eso los afectados prefieren pagar sus reparaciones a enfrentar la negación oficial a través de un juicio que llevará meses incluso.

Pero no sólo son los pozos de visita los que muestran deficiencias, también podría haber deficiencias en las tapas de las tanques de almacenamiento, regulación y distribución del agua. Hace unos años unos menores que se metían a nadar a un tanque de almacenamiento en Manzanillo descubrieron en su interior el cadáver de una persona.

Esta tragedia que ha enlutado un hogar tecomense es una llamada de alerta, no sólo para los organismos operadores de agua, sino para los responsables de las obras públicas que no colocan señalamientos para prevenir accidentes.

En los días siguientes veremos qué tipo de medidas toma el alcalde tecomense Guadalupe García con relación a este incidente.

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