Editorial: Inconformidad ante alzas


 

Una ola de inconformidades se ha desatado por el incremento a los precios de los combustibles en el territorio nacional como una de las acciones previas a la liberalización de sus precios.

Los efectos colaterales de las alzas a las gasolinas Premium, Magna y al diesel se dejarán sentir una vez que surtan efecto a partir del primero de enero y no estarán ajenos a esos incrementos los precios de los artículos básicos o de primera necesidad.

Las mayores muestras de rechazo a la medida implementada por el Gobierno Federal van en el sentido de que la Reforma Energética posibilitaría que los famosos “gasolinazos” fenecieran y que los precios se conservaran estables, pero con todo y los anuncios realizados en campañas publicitarias estas alzas muestran lo contrario.

Apenas ayer los propietarios de las gasolineras en el estado manifestaban que algunos poseedores de franquicias de Pemex prefirieron rentarlas para no enfrentar la liberalización de los precios y la competencia de marcas extranjeras que ofertarán el combustible a precios regulados por el mercado.

Y en ese tenor se dio a conocer por la Comisión Reguladora de Energía que los precios de las gasolinas y el diesel en el Estado tendrán variaciones entre unos municipios y otros al establecer tres zonas con diferentes costos de los combustibles.

La medida, previa a las elecciones del 2018, sin duda será capitalizada por los partidos políticos opositores al PRI y PAN, principales impulsores de la Reforma Energética. Los efectos de la liberalización de los precios y el incremento a las gasolinas seguramente formarán parte del discurso de las campañas rumbo a la elección constitucional para presidente de la República y será Andrés Manuel López Obrador quien saque más raja de esta coyuntura económica y política.

Se prevé que para el 2018, una vez que todos los estados del país estén integrados al esquema de liberalización de los precios, el mercado internacional del petróleo sea el que ajuste las tarifas de los combustibles en el país, por lo que el precio tendría variaciones durante todo el año. El sistema de precios de los combustibles dejará de ser regulado por el Gobierno Federal, es decir, estará fuera de sus manos y corresponderá a los costos de producción y logística.

No se avizoran tiempos de bonanza con los incrementos, pero sí el de incrementos en algunos artículos porque los combustibles son usados para casi todos los esquemas de producción y transporte. El PRI le apostó a la liberalización a las alzas, consecuencias que pagará sin duda en el proceso electoral del 2018.

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