Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Me parece un contrasentido total que la Secretaría de Gobernación esté difundiendo spots a través de los medios masivos de comunicación, invitando a la población a denunciar la presencia de maquinitas cerca de los domicilios y las escuelas, porque no se quiere que los niños se envicien, haciéndose adictos al juego.

En Manzanillo se sabe que hay muchas tiendas de abarrotes que tienen alguna maquinita de juego, que usan tanto niños como adultos, y a lo que yo he visto, son más las señoras, amas de casa, las que se la pasan echándole monedas a estos artilugios. Pero me parece un contrasentido, pues, que se combata la adicción al juego, y que, por otro lado, se permita que continúe la actual ley que legaliza y regula las apuestas y casinos, pero sólo para mayores de veintiún años.

En los años que lleva en vigor esta permisividad, ya se tiene un público más que cautivo para estas diversiones, contempladas dentro de los giros negros, y que hasta hace unos pocos años, en cualquiera de sus modalidades, eran ilegales en México.

Por un lado, se dice que se quiere combatir la adicción al juego con el retiro de cualquier maquinita pobre, y por otro, cada vez son más los grandes centros de juegos y apuestas, donde la gente va a tirar su dinero, porque como dice el antiguo dicho: “La casa nunca pierde”.

Hasta las peleas de box y otros deportes se han convertido en motivo de apuestas, algo que antes se hacía, si acaso, en la privacidad del hogar entre amigos, por montos pequeños, pero se sabía perfectamente que, como negocio, era algo ilegal. No estoy diciendo, para nada, que esté mal que se evite que los menores caigan en la adicción al juego; lo que no me parece es que se continúe permitiendo el juego para los adultos, pues si es malo para unos, los menores, lo es también para los adultos, y esto ha quedado plenamente demostrado en los países donde el juego y las apuestas son legales de toda la vida, como en los Estados Unidos, donde aparejados a la existencia de estos lugares, se ha creado toda una mafia, donde los delitos de todo tipo campean en derredor de las mesas de juego y las máquinas tragamonedas.

La situación actual es como cuando un padre le dice a un hijo que fumar es malo para la salud, porque crea adicción, y puede ocasionarle enfermedades tan graves como el cáncer en los pulmones y la garganta, todo ello muy cierto; pero lo hace con un cigarrote en la boca, fumándolo, mientras se lo está diciendo, ¿cómo le va a creer el menor, y con qué autoridad se lo va a decir el adulto?, ¿cómo va a aconsejar a su hijo el borracho, bajo el influjo etílico, para que no se haga esclavo del alcohol?

El juego y las apuestas nunca se debieron de haber legalizado. Yo sé que a muchos de mis lectores les gusta ir a los casinos que se han instalado en Manzanillo, y lo respeto, pero sigo pensando que es un giro negro indeseable, del que no teníamos ninguna necesidad cuando no lo conocíamos.

Pienso que su presencia en nuestra ciudad es un factor de riesgo más para crear inseguridad y fomentar al asentamiento de grupos relacionados con las actividades delictivas. Con estas medidas, favorables a los grandes casinos y contrarias a las maquinitas en los abarrotes, lo que puede uno pensar es que se quiere quitar la competencia a los centros de apuestas y juegos.

En mi opinión, esa campaña no tiene seriedad ni hay autoridad moral para lanzarla bajo la actual legislación permisiva hacia el mundo del azar.