Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

En estos días se volvió a escuchar el reporte de personas que viven en la delegación de El Colomo, quejándose de la presencia por las calles de un indigente que responde al mote de “El Hombre Lobo”, y que sólo sabemos que se llama Efrén, el cual acostumbra lanzar pedradas a las personas y vehículos, además de deambular con poca ropa y en ocasiones hasta completamente desnudo. De esto no hacen dos días o una semana, sino que tiene años, calculo que ya más de una década.

En muchas colonias, delegaciones y poblaciones de nuestro municipio hay personajes similares, que deambulan por las calles fuera de su razón, causando molestias y atentando contra el pudor. A lo largo de los años se ha vuelto algo tan común, que ya se nos hace normal, pero no lo es.

Hace algún tiempo, un miembro de un Cabildo me comentaba que estaba gestionando la creación de un albergue para indigentes, lo cual se me hizo una magnífica idea. Cada cierto tiempo alguien la retoma y luego nuevamente la desecha, pero yo creo que en nuestro carácter de destino turístico nacional e internacional, no deberíamos seguirlo dejando pasar.

Por dignidad humana, estas personas deben estar recluidas en un centro donde no se quemen sus pies andando descalzos, ni exhibiéndose medio desnudos, ni pasando sed, hambre y agrediendo y siendo agredidos.

Estas personas, en muchos casos, están enfermas y con un adecuado tratamiento pueden mejorar su nivel de vida y tener una existencia mejor a la que, como cualquier ser humano, tienen derecho.

Así como ya se concretó el que se habilitara un centro de atención para canes y gatos callejeros, lo cual es algo muy positivo, igualmente se necesita, y quizá hasta más, tener un albergue para indigentes.

Este pabellón no necesitaría de amplias dimensiones, pues tampoco son tantas estas personas en situación de calle; su número debe ser inferior a 30, pero desde luego que tendrían que estar aparte de otras personas con necesidad de ser asilados o albergados, como es el caso de los niños de la calle o los ancianitos.

Sé de algunos casos en que algunas personas indigentes se han recuperado de tal forma después de recibir la atención adecuada en todos los aspectos, incluyendo principalmente el médico, hasta casi llevar una existencia normal, pues hay que recordar que muchos están así por la debilidad de llevar una mal dieta (inanición), insolación, tener secuelas de la adicción a estupefacientes, alcoholismo o traumas psicológicos severos.

Fue muy famoso el caso que se presentó hace unos años en nuestro puerto, de una mujer que al ser abandonada por su marido estando embarazada, añadió a esta desgracia la de que su hijo muriera al nacer, motivo por el que perdió la razón, y vagaba por las calles sin rumbo fijo.

Casos podríamos citar muchos, y todos conocemos alguno, pero lo importante es hacer algo para que esta situación les cambie, no sólo darles una camisa, un pantalón o una comida que nos sobre, sino hacer algo para verdaderamente retirarlos de la calle, y que vivan una vida digna y sin dar una mala imagen a nuestra ciudad.