Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

En los últimos días, los titulares de la prensa de espectáculos han estado llenos con las noticias de que a varias celebridades de Hollywood les hackearon sus cuentas de correo electrónico, así como el contenido de sus teléfonos celulares, y les bajaron fotografías comprometedoras. Hasta ahí lo que me interesa citar esta información, para aterrizarla a un terreno más local y más general.

La mayoría de los humanos no somos celebridades, pero como ellos, todos tenemos el derecho a la privacidad, y los primeros que debemos cuidarla somos nosotros mismos, por nuestra propia seguridad. Son pocos los ciudadanos que a estas alturas pueden decir con verdad que no participan en las redes sociales, no tienen una cuenta de correo electrónico y no tienen algún dispositivo de almacenamiento de información, ya sea fijo o móvil; es decir, una computadora personal, una laptop o un teléfono móvil o celular.

En todos estos apartados, guardamos y publicamos información de diversos tipos, como música, videos, escritos, documentos, datos y fotografías, datos que, en algunos casos, si trascendieron al ámbito público nos afectarían de diversas maneras.

Es por eso que, en una época de tanta transparencia y exposición, debemos de regresar a la prudencia, a la mesura, a la discreción y a la precaución. No podemos darnos el lujo de andar publicando cualquier cosa. Hay gente que informa que va a salir de su casa a tal hora de la noche, y que va a regresar al otro día, además de la ruta por la que va a transitar. Es como llamar a que roben su casa o a que le ataquen y hasta secuestren en el camino.

No publique datos personales que le pongan en riesgo de que los utilicen para causarle un daño económico o patrimonial. No saque a la luz fotografías comprometedoras que le puedan causar un daño moral irreparable o hasta ser víctima de una extorsión.

Estas debieran ser reglas básicas y lógicas a considerar por todos, pero hay mucha gente imprudente contando aspectos íntimos de su vida a todo mundo en estos días, desde los más jóvenes a los más viejos. Volviendo al caso que motiva esta reflexión, ¿por qué tenían que andar guardando estos artistas en sus celulares fotografías desnudas, con poca ropa o en situaciones comprometedoras? Era una invitación al desastre. ¿Para qué guardar en el celular, como mucha gente hace, la contraseña de su cuenta bancaría? El día de mañana pierde el celular, y le vacían la cuenta. Y esto, créamelo, ya ha pasado.

Hay cosas que es mejor preservar a la antigüita, sobre todo en el aspecto de la seguridad. Hay expertos en tecnología, que no están usando esos conocimientos para hacer cosas positivas, sino buscando como estafarnos, robarnos, suplantarnos, afectarnos, extorsionarnos y hacernos ver nuestra suerte, y todo utilizando los propios recursos que les proporcionamos en las redes sociales o en la huella que dejamos en nuestros dispositivos.

Aparte de no dejar información comprometedora o que nos haga susceptibles de algún daño, hay que aprender a poner candados, seguros y limitantes, y no dejar cuentas y perfiles abiertos a que todo mundo los pueda ver, ni aceptar como amigos y contactos a todo aquel que nos lo solicite, porque ignoramos si esa persona es una fichita, un delincuente.