Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Es verdad que hay cosas que, aunque siempre han existido, cuando las vemos desde otra perspectiva, las entendemos mejor y sabemos cómo reaccionar ante ellas. Es el caso del bullying, que es verdad que ha existido toda la vida, aunque antes se le llamaban travesuras.

Sin embargo, con la adopción del anglicismo, como que podemos verlo desde un enfoque novedoso. Con el paso del tiempo, esta conducta ha sobrepasado la esfera infantil, y por lo tanto es más apropiado llamarle acoso que travesura.

Una travesura es algo inocente e ingenuo, sin mala intención, aunque sus consecuencias a veces puedan ser graves. Responden a una época en que estábamos menos maleados, y todos éramos llevados, generalmente, con los más débiles.

Las travesuras se daban en las escuelas y en las colonias. Sin embargo, el acoso se da entre los adultos, jóvenes, adolescentes y niños por igual. Aunque se da en todos lados, se ha asociado más con las escuelas desde que se empezó a usar esta nueva palabra importada de nuestro vecino del norte. Entonces, no podemos decir que acoso sea igual que travesura, sino que es algo más grave, y que puede ocurrir en cualquier lugar, siendo una conducta delictiva.

Es perpetrada en contra de quienes se percibe como más débiles, personas de baja estatura, muy delgadas o muy obesas, con alguna discapacidad física o intelectual, etc., e incluso, por los hombres en contra de sus compañeras mujeres.

Por eso, es necesario quitar la lente solamente de las escuelas, para hacer programas en contra del acoso a todo nivel, desde el transporte público hasta el centro de trabajo. Es una actitud que no se puede tolerar, porque genera más violencia de la que su existencia implica. Es verdad que la víctima es generalmente el más débil, o por lo menos, alguien que se considera así, y eso es exactamente lo peligroso, porque aquel que sufre el acoso, al no encontrar defensa a las constantes agresiones sufridas, recurre entonces a medidas drásticas para parar la violencia en su contra, como el uso de armas, y esto ya lo hemos visto suceder muchas veces en los Estados Unidos, y algunas ciudades grandes de nuestro país.

Porque el acoso, para recibir este nombre, es una agresión constante, recurrente, a veces de todos los días. Y cuando esto sucede en una escuela o centro de trabajo, donde los implicados en este círculo vicioso se tienen que ver todos los días, se vuelve un infierno donde todo puede acabar muy mal.

Por eso el abuso tiene que ser parado desde la autoridad, encarnada ya sea por un director de escuela, o un jefe en el trabajo o alguna dependencia de gobierno.

En nuestro Manzanillo hay mucho acoso, y no sólo entre niños y en los patios y corredores de las escuelas, por lo que se necesitan programas para concientizar a la población que no es divertido, ni es normal. Lo peor de todo es cuando el abusón es protegido por un jefe, un director o alguna autoridad, porque entonces la prepotencia va aunada a la impunidad.

El acoso está presente en todos lados, y en su vertiente sexual a las mujeres, es algo muy molesto, pues éstas no pueden estar renunciando a sus trabajos a cada rato, y se está generalizando esta actitud en nuestra sociedad hacia ellas.