Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

En estos momentos nos encontramos en un período largo de vacaciones escolares, en que los niños, adolescentes y jóvenes no tienen mucho qué hacer y se la pasan entre la casa y la calle, perdiendo muchas veces el tiempo, o en algunos casos tomando algún trabajito temporal en lo que llega el regreso a clases.

Es cuando se ve la necesidad de tener más cursos de verano en nuestro municipio, de manera que cada año los jóvenes puedan aprender un poco de una forma ligera y divertida, y esto tal vez les haga afirmar alguna vocación, descubrir una habilidad o afición, y hasta quizá les ayude a encontrar un oficio que luego puedan desempeñar de por vida.

No tenemos mucha cultura de cursos de verano, porque, hay que decirlo, a diferencia de otros lugares, aquí éstos son percibidos como instrumentos de promoción política. Los organizadores son siempre partidos, funcionarios o candidatos, y esto hace que no sea algo sano, porque los objetivos que se buscan son otros. La mayoría de estos cursos no tienen calidad, hay que decirlo.

Además, la mayoría de ellos están pensados para adultos, para colonos de algún barrio que sean mayores de edad, ya que éstos son los que votan. Pero un período veraniego de descanso puede servir para conocer el arte, en sus muchas expresiones, los oficios artesanales, habilidades laborales y cosas que, si bien quizá el aprendiz no las utilice para obtener alguna remuneración, sí le pueden servir en su vida cotidiana, en su hogar, con su familia.

En unas vacaciones alguien puede aprender algún idioma, como el inglés o, ¿por qué no?, si ya conoce la lengua de Shakespeare, entonces el francés, a pintar, esculpir, grabar, danza folklórica, actuación, cocina, carpintería, herrería, etc., pero, repito, sin ningún sesgo político, como normalmente se ha visto hasta ahora.

Recuerdo que en un período similar hace tiempo aprendí un poco de inglés, que aunque no lo hablo mucho, es verdad, sí puedo leer casi cualquier texto en esa lengua. En otra ocasión, aprendí mecanografía, lo cual hoy me sirve para utilizar con rapidez la computadora para escribir estas colaboraciones periodísticas, y en otro período vacacional, mis primeras nociones de cómputo.

Sé de varios pintores y escultores hoy famosos, que se empezaron a interesar de una manera profesional en el arte después de tomar un curso, y ahora se dedican a ello, habiendo alcanzado una gran fama.

En vez de que en estas vacaciones los chamacos anden de vagos, deambulando sin propósito y sentido, aburriéndose incluso, qué mejor que inscribirlos en algún curso de su agrado.

Desde luego que no se trata de llevarlos a algo pesado, en donde no sientan que están de vacaciones, sino algo corto, de una hora al día, por ejemplo, y a donde se vaya una o dos veces por semana. Algo que les sea interesante y divertido, de manera que no se les haga pesado.

Hay ciudades donde las opciones son abundantes en esta temporada, pero lamentablemente no es el caso en Manzanillo, donde siempre hay los cursos de diario, y organizados por razones políticas.

Por lo pronto, sería muy bueno que la Secretaría de Cultura hiciera cursos para niños y adolescentes, y también el municipio hiciera lo propio, con enfoque cultura, artístico y artesanal.

Mientras tanto, los chamacos seguirán en el futbol, la playa o la casa, matando el tiempo, entre tanto llega el regreso a clases. En mis últimas vacaciones, que fui con mi esposa a mi ciudad natal, Guadalajara, se me hizo muy bonito ver la gran cantidad de niños, jóvenes y adolescentes que diariamente tomaban diversos cursos, como danza y pintura, por ejemplo, en las instalaciones del Instituto Cultural Cabañas, mejor conocido como Hospicio Cabañas.

Anhelé, entonces, ver algo similar en Manzanillo, lo cual no es algo difícil de lograr, pero, desde luego, no hay que dejárselo a los políticos.