Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Hoy quiero hablar de un tema que nos interesa localmente, pero para ello antes señalaré algunas cosas del ámbito nacional, para finalmente aterrizarlas a lo regional y local.

Hasta hace unas décadas, todo en este país lo subsidiaba el gobierno, y aunque muchos emprendimientos no dieran ganancia alguna, se les sostenía pese a las enormes pérdidas, porque el Estado las mantenía y respaldaba, inyectándoles capitales de otros apartados. Concretamente, me estoy refiriendo a los tiempos de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Alvarez, José López Portillo y Miguel de la Madrid Hurtado.

En la práctica, éramos un sistema muy parecido al soviético, comunistoide, y ya desde los lejanos tiempos de Lázaro Cárdenas del Río se promovía este tipo de gobierno, pues para nadie es un secreto que el general tenía tendencias rojillas. Pero luego viene otra temporada, en la que aún estamos, en que, de estar en un extremo, en un polo, nos cambiamos de manera drástica al otro polo, al extremo contrario, y como dice el sabio y popular refrán: “Todos los extremos son malos”.

A partir de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quezada y hasta Felipe Calderón Hinojosa, se fueron retirado todos los subsidios, incluyendo a cuestiones sociales muy necesarias, pues el único criterio a seguir era conservar únicamente aquello que dejara dinero, ganancias, y todo lo demás, aunque fuera un apoyo social considerable, abandonándolo a su suerte, dejándolo morir.

Ese fue el caso del servicio ferroviario de pasajeros, que daba un gran servicio a la gente pobre, en especial, y también a muchas familias numerosas de clase media, pero que además fomentaba los viajes educativos y recreativos de aventura, por sus módicos precios.

Mientras que en Europa, Sudamérica y Asia continúan con gran éxito los ferrocarriles, modernizándose, pero conservando su carácter económico, aquí los desaparecieron de tajo, dejando, de un día para otro, pueblos incomunicados.

Aunque usted no lo crea, hay muchas personas y familias que, desde aquel día en que desaparecieron al ferrocarril de pasajeros, no viajan o sólo lo han hecho unas poquísimas veces, a costa de grandes sacrificios, porque los costos del transporte en autobús es bastante elevado para muchos mexicanos.

Dice el dicho que los viajes, entre otras muchas cosas, también ilustran, dan cultura, conocimientos, experiencias, y hay muchos colimenses y manzanillense, hoy de 12 ó 15 años de edad hacia abajo que nunca en su vida han salido de su ciudad, o cuando mucho han viajado entre Manzanillo y Colima, y por algún asunto muy necesario.

En serio, es verdad, que es algo muy duro y muy fuerte el tener que pagar un viaje en estos tiempos, y el servicio ferroviario de pasajeros era un herramienta de apoyo social, que aunque no tenía pérdidas monetarias, tampoco dejaba ganancias, y por eso lo sacrificaron, lo desaparecieron.

¿Sabe cuántos jóvenes porteños se iban a estudiar a otras ciudades carreras muy especiales, de su agrado, y hoy ya no lo hacen, porque no pueden costearse los traslados, y se conforman con las carreras que hay aquí? Afortunadamente, la oferta educativa local ha aumentado.

El tren pasajero nunca dejó grandes ganancias económicas, nunca, pero era un medio de transporte masivo muy útil que, en vez de asesinarlo, debieron de haberlo modernizado, reduciendo las distancias e incomodidades, con lo que, aunque el precio habría subido un poco, también hoy tendríamos un mayor número de pasajeros moviéndose a través de sus vagones, como ocurre en Europa, donde los jóvenes de casi cualquier país conocen gran parte del viejo continente, pues en vacaciones se lanzan a la aventura en tren, y eso es un bagaje cultural que aquí no tenemos, además de que tampoco hay tanta posibilidad de cursar estudios en lugares lejanos, a no ser que se hagan grandes gastos, y se deje de ver a la familia por cinco o seis años, porque el horno no está para bollos, y no es tan fácil regresar al seno familiar sin un medio de transporte barato.

Parece ser que hoy las cosas empiezan a cambiar, pues hay un evidente propósito de nuestro actual presidente de la República, Enrique Peña Nieto, por reintroducir poco a poco el tren pasajero, aunque tener conexiones amplias en el territorio nacional será algo que durará años para volverlo a ver, pues hoy se anuncian dos o tres proyectos, pero hace 15 años quitaron todos de sopetón. Fue un golpe muy fuerte, difícil de revertir.

Fue un error de los más grandes que se han cometido, pero creo que poco a poco, si se sigue la política que se ve ha empezado en este sentido Peña Nieto, y esto se continúa en las próximas administraciones federales, quizá en los próximos 15 años podamos ver nuevamente florecer el transporte económico masivo de pasajeros, que nunca debió de haberse ido.

Tampoco se trata de volver a los tiempos de Papá Gobierno, donde se empiecen a volver a crear paraestatales y empresas gubernamentales, cual sistema estalinista; pero, si aun en Estados Unidos, que es el principal adalid del capitalismo, se subsidian algunos proyectos y servicios, no hay razón para no hacerlo aquí en cuestiones que valgan la pena, como éste. También hay empresas privadas interesadas en invertir en este sector.