Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Como cada año en estas épocas, es natural que los padres de familia preinscriban o inscriban a sus hijos al siguiente nivel escolar. Aunque todos sabemos que no debe haber cuota escolar alguna, ya que la educación en nuestro país es gratuita, hay quejas de que persiste la mala costumbre en los planteles de cobrar por el ingreso escolar.

La modalidad en este año es que el personal docente en las escuelas dice que es una cooperación a la Sociedad de Padres de Familia, y que para evitar que muchos papás no cumplan con lo pactado entre ellos mismos, piden como requisito el recibo de pago a dicha sociedad.

La diputada local Gabriela Benavides Cobos ha hecho hincapié en que las cuotas por inscripción o preinscripción no deben existir, ya sea impuesta por los propios directores y maestros o por la Sociedad de Padres de Familia.

Además, tocando el mismo tema escolar, considero que las listas de útiles escolares que imponen los planteles escolares no deben de ser, ya que a leguas se nota que es para favorecer a ciertos empresarios papeleros que harán su “agosto”, literalmente, en este próximo mes.

Claro, si usted no hace caso de esta columna, donde le explicamos que puede comprar sus útiles escolares donde elija, y no donde le quieran imponer, además de irlo haciendo poco a poco, conforme los profesores vayan requiriendo los materiales en el transcurso del año, pues si no, se le hará muy pesado para su bolsillo. No se endeude.

Es muy común que, para surtir semejante lista, los padres de familia vayan a instituciones crediticias a sacar préstamos o créditos con altísimos intereses, y que, en resumen, el ahorro se fue por la borda. Porque quizá en los cuadernos, lápices y colores alcance grandiosos descuentos, pero no sucederá así con los bancos o casas de empeño. Los intereses no se los va a pagar nadie, menos los maestros de sus hijos.

Las listas escolares se pueden acabar muy fácilmente, si las Sociedades de Padres de Familia dejaran de surtirlas de un jalón, y exigieran que los docentes les pidieran a sus alumnos sólo los materiales necesarios para cada quincena, como se hacía antes.

Aunque en materia de educación han cambiado muchas cosas en teoría, en la práctica continúan los vicios añejos de pedir y pedir a los padres de los alumnos, muchos de los cuales tienen sueldos muy bajos, y se les hace muy difícil, casi imposible, cumplir caprichos y exigencias del profesorado.

También se deben desmonopolizar los útiles escolares, pues luego se exige que la camisa, falda o pantalón lo deben de comprar solamente en tal establecimiento para que sea la que ellos acepten, y eso no se vale, porque se presta a malos entendidos y cosas turbias entre los comerciantes y el magisterio.