Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

 

Creo que Manzanillo necesita soluciones fuertes, valientes y decididas para resolver sus problemas de tráfico; para ello, pienso que dos podrían incrementarse antes de ver colapsada nuestra circulación vial, y aunque las dos requieren una importante inversión económica, la situación lo amerita.

Una de ellas sería la creación de un gran estacionamiento subterráneo que descongestione la zona centro, sobre todo en las horas pico, y la otra es la construcción de un canal a través de la boca del puerto interior, que conecte a San Pedrito con Las Brisas.

Así, de entrada, me imagino que los lectores de esta columna ya estarán bloqueando estas propuestas con cientos de objeciones, y no me extraña, porque son radicales, pero voy a tratar de defenderlas con argumentos, y sobre todo, lo que me interesa es plantear cosas, a lo mejor ambiciosas o hasta descabelladas, pero esto es preferible a no hacer nada.

Ambas propuestas serían una solución a nuestro problema actual de tráfico y vialidad a muy largo plazo. En el primero de los casos, la construcción de un gran estacionamiento subterráneo, muchos dirán que no es posible, porque Manzanillo es un puerto que está construido sobre rellenos, espacios que se le fueron ganando al mar desde la primera y segunda década del siglo pasado.

Se dirá que para muestra está el estacionamiento del hotel Colonial, que cada vez que hay una lluvia importante ve como se le filtra el agua. Bueno, esto es verdad en parte, porque hay lugares de nuestra ciudad en el área del centro que nunca han sido tierras ganadas al mar, que siempre han sido terreno sólido, tanto en las bases de los cerros, como zonas planas que nunca estuvieron ni bajo el mar, ni bajo la laguna.

Del tipo de composición de nuestros cerros hay que señalar que lo mismo hay de tierra que de roca sólida, por lo que se puede buscar el lugar para hacer esta construcción. Hay lugares donde sí se puede excavar una galería en la roca para hacer uno o varios estacionamientos que sacan a los carros de las calles del centro. Para eso hay algunas partes convenientes, y haciendo los estudios correspondientes de suelo, se puede ya elegir lo mejor.

El beneficio vale la pena de buscar un buen estacionamiento grande para el casco urbano. Imagínese las calles del primer cuadro de la ciudad libres de carros estacionados. Al momento las calles se harían más anchas al anularse el cajón lateral de estacionamiento en cordón. La gente podría desplazarse de manera peatonal cómodamente y se podría fomentar el uso de la bicicleta de manera masiva. Sería un centro más amigable para sus habitantes y nuestros visitantes, que se incrementarían al poder contar con mejores recorridos de shopping, lo cual podría complementarse con otros proyectos colaterales de tipo turístico que no interesan a este artículo, como la implementación de teleféricos hacia los cerros.

La otra opción es la de acercar al centro con la otra parte de la ciudad, la del Valle de las Garzas, Brisas, Santiago y Salagua, pero brincando las incomodidades que representa el puerto, que cada día son más, como es lógico, por el constante crecimiento de éste, el puerto más grande de México en ambos litorales.

El problema que ahora se vive en Jalipa es sólo la punta del iceberg, el inicio del caos, porque sólo son remedios paliativos contra una enfermedad crónica, casi terminal. Es por eso que a todos nos conviene, inclusive al mismo recinto portuario, desviar la comunicación carretera por encima de la entrada del puerto interior a la altura de San Pedrito, lo cual claro que es factible.

Si el puerto más importante de México, y uno de los más ascendentes en movimiento de mercancías en Latinoamérica y el mundo no lo merece, pues entonces sí que estamos amolados. Hay algunos que han dicho que es imposible hacer un puente en este lugar, que por la distancia, que por la altura, y eso me hace acordar cuando en Guadalajara el ingeniero Matute Remus propuso mover un edificio entero sin demolerlo, sólo con poleas y rieles, sin dañarlo en lo más mínimo, ni afectar a los trabajadores que ahí laboraban, alguien le respondió con duda: “¿Es posible hacer eso?”, y él respondió: “En ingeniería todo es posible”. Y movió el edificio de la Telefónica en sólo seis días.

En la ciudad de Panamá, capital del ístmico país, hay tres puentes para cruzar sobre el Canal, que divide en dos al país. Esta nación se creó al separarse de Colombia, y tras los intentos de Francia por construir el paso por Centroamérica de un océano al otro para los barcos, los norteamericanos lo consiguieron en 1914. Eso hizo que el país quedara partido en dos, por lo que de inmediato se proyectó un puente que lo cruzara, y a la fecha, con el añadido reciente de uno más, tienen tres grandes, y ya planean hacer más.

El primero fue el Puente de las Américas, el más famoso, que se construyó en 1962, reemplazando a un transbordador que daba el servicio de personas de una ribera a la otra del lado del Pacífico. Tiene mil 654 metros de largo, con una altura de 61 metros en su parte más elevada. En el 2004 se inauguró el Puente Centenario que permite prolongar a través del canal la carretera panamericana, aprovechando el centenario del nacimiento de la nación centroamericana, estando a 15 kilómetros de distancia del Puente de las Américas. Tiene una longitud de mil 52 metros, y una altura sobre el nivel del mar de 80 metros, con una anchura de seis carriles.

El tercer puente, a la altura de Colón, del lado del Atlántico, está en proceso de construcción. Aquí en Manzanillo el ancho de navegación es de solamente 195 metros, y aunque se ocuparía tener puentes suficientemente elevados para sobrepasar la altura máxima de los barcos, esto puede hacerse, y si no me cree, nada más hay que mirar la altura de los puentes sobre la laguna que van por detrás de la colonia Libertad hacia Campos, los cuales son muy altos y están construidos sobre suelo fangoso, y, sin embargo, se hicieron.

Además, con motivo de la construcción del túnel ferroviario en un punto tan cercano, como la entrada de la avenida Teniente Azueta, en la colonia Burócrata, que implicará que hayan ahí puentes vehiculares elevados en un distribuidor actualmente ya en proceso de edificación, se contaría con una elevación suficiente para de ahí desplantarse con un ramal hacia el fondo hasta la bocana o canal de navegación, cruzar en pocos, muy pocos minutos, hacia Las Brisas, para de ahí poder dirigirse a cualquiera de las partes más pobladas de Manzanillo, dejando la actual vialidad para quienes se dirijan a Tapeixtles y colonias de alrededor.

Una inversión de esta clase, si se hiciera con seriedad y responsabilidad, a pesar de la enorme inversión, por todos los problemas que solucionaría, no creo que sería impopular, y más bien pienso que le atraería muy buenos dividendos a los políticos y funcionarios que la impulsaran.

Ideas hay, y todo lo que sea en beneficio de Manzanillo es digno de ser considerado.