Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Desde finales del siglo XIX, en que las ciudades capitales latinoamericanas empezaron a crecer y modernizarse, un aspecto importante que se atendió fue el de los medios de transporte urbanos, destacando el tranvía; primeramente el conocido como de sangre, que era el jalado por caballos y mulas, quienes arrastraban un vagón con un gran número de pasajeros por sobre unos rieles especiales, lo que aunado al tipo de ruedas utilizado, hacían que el esfuerzo y la fricción fueran pocos.

Luego se usaron otros medios de propulsión de los tranvías, como el vapor, pero el que finalmente fue quedando fue el eléctrico. Casi todas las capitales de Latinoamérica, además de las ciudades importantes y de tamaño considerable, llegaron a tener sus tranvías eléctricos. Pero posteriormente, empezó a entrar con fuerza el automóvil, al que se consideró como algo más progresista, más moderno, y se vio al tranvía como un estorbo y también algo anticuado, por lo que desde los años veinte del pasado siglo los tranvías empezaron a entrar en crisis.

En algunos países desparecieron por esas fechas, mientras que en otros continuarán con buenos dividendos hasta los años 40’s y 50’s, en que las compañías que los manejaban empezaron a tener problemas económicos por la competencia con los autobuses, taxis y carros particulares, y en algunos casos de metros y trenes urbanos.

En casi toda Latinoamérica los tranvías desaparecieron en los años 60’s, aunque hubo casos aislados en que  continuaron hasta los años 70’s, y en Asunción, la capital de Paraguay, rodaron por las vías urbanas hasta los 80’s y 90’s. Pero los años 60’s es generalmente la época en que quedan obsoletos, supuestamente. En poco tiempo se empieza a dar un sentimiento de añoranza y nostalgia, además de que en Europa y varias ciudades de Estados Unidos y Canadá los tranvías continúan, en algunos casos con unidades modernizadas, y en otros casos, con su estructura y apariencia histórica, antigua, como en San Francisco y Nueva Orleans, dos de los casos más emblemáticos. También en Brasil continúa funcionando.

Hace unas décadas se empezó a tomar conciencia que la alta circulación de vehículos por nuestras calles no era, como se pensó antaño, sinónimo de progreso y desarrollo, porque al crecer la utilización de combustibles, se generó una alta contaminación, y al incrementarse el padrón de automóviles particulares, el tráfico citadino se convirtió en problema infernal, caótico, muy difícil de solucionar, y es entonces cuando se empezó a voltear los ojos nuevamente, aunque parezca difícil de creer, a aquellos antiguos tranvías. Son muchas las ciudades latinoamericanas que están desarrollando proyectos para reintroducir en los próximos cinco años al tranvía, siendo de los más adelantados el de Cuenca, Ecuador, el de Medellín, Colombia, Asunción, Paraguay, y en nuestro país, el de la Ciudad de México, y en una etapa inicial, primaria, el de Guadalajara.

Los beneficios son muchos. Ayudarían a limpiar el ambiente citadino de la contaminación, además de contribuir a quitar la saturación de las calles, pues los tranvías son muy angostos por el ancho de vía requerido y al ir en línea recta por un espacio reducido de las anchas avenidas actuales, quitan la saturación del tráfico. Tampoco generan contaminación por ruido, y visualmente enriquecen y embellecen las postales urbanas.

Sus vagones pueden llevar a un gran número de pasajeros, y los accidentes son raros. Además de esto, atraen de forma irresistible al turismo. Esto se ha comprobado luego de que muchas ciudades con esta vocación, aprovechando la nostalgia que existe por medios de transporte urbano antiguos como el tranvía, han empezado a utilizar para recorridos turísticos las unidades conocidas como trolleys, que son pequeño autobuses con apariencia externa de tranvías, y el resultado es que han tenido enorme éxito con el turismo, de modo que hoy, casi en todo el país las ciudades importantes y con vocación turística tienen esta clase de recorridos en simulaciones de tranvías; pero como en realidad son automotores en base a gasolina o diesel, no se resuelve el problema de la contaminación, y su fin es el de mover grupos pequeños de turistas, no el de contribuir a resolver el problema del transporte.

Por eso es que se está volviendo a tener interés en los tranvías; por los beneficios ambientales, de transporte, tránsito y turísticos. Es por esta razón que creo que Manzanillo podría considerar tener una línea turística, con una o dos unidades, aprovechando que desde el jardín hasta el fondo de la playa de San Pedrito existe una conexión separada de la vialidad destinada a los automóviles, a través del Paseo Espíritu Santo, con las dimensiones apropiadas para un recorrido de esta clase, pudiendo salir la ruta frente a la presidencia municipal o algún punto cercano al pez vela, atravesar por un costado la Plaza Cívica Juárez, luego lo mismo con La Perlita, seguir el paseo frente al mar hasta conectar con las canchas y el teatro al aire libre en la zona de El Tajo, llegar frente al Mercado de Pescadores y proseguir hasta la entrada de la playa de San Pedrito, entrando por el paseo costero que ahí hay, hasta llegar hasta las escolleras que existen a la entrada del Puerto Interior.

Sin temor a equivocarme, esto sería un imán para el turismo nacional y, sobre todo, extranjero, y no se estaría interfiriendo con la vialidad utilizada por los automotores. Con la debida publicidad en hoteles, búngalos y villas turísticas, así como en medios de comunicación nacionales y locales de otras entidades, se podrían llenar hasta dos vagones, pudiendo empezarse solamente corriendo los fines de semana en ciertos horarios, complementando la experiencia con alguna explicación de tipo histórica.

Ideas novedosas hay que tenerlas en materia turística para poder competir, y si todo lo que se propone se rechaza, como los teleféricos hacia los hermosos cerros de la ciudad, que era un proyecto avanzado, casi servidito en bandeja de plata y no se hizo nada hasta la fecha, o emprendimientos como el de tener un parque metropolitano, que aparte de los beneficios ecológicos también sería un imán turístico, entonces quedaremos fuera de la principal oferta de la industria sin chimeneas que tiene el país.

Esta es una idea, que desde luego, requiere su inversión, pero así como ésta, hay otras muchas ingeniosas y novedosas que se pueden implementar, y sólo es cuestión que tener iniciativa y creatividad para darle valor agregado a la belleza de nuestras playas, y no dejarle todo a que los empresarios mantengan bellos sus hoteles y bonitos sus restaurantes, sino que como ciudad, agreguemos bellezas al entorno urbano que sean dignas de venir a conocer.