Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez

Tras una semana de vacaciones en la capital jalisciense, ocasión que nos sirvió para reconocer los cambios que tenido la ciudad que me vio nacer. Durante esta visita pude darme cuenta de la forma tan cuidadosa en que en aquella ciudad cuidan los vestigios históricos y lo digo con respecto al Mercado Corona, uno de los más antiguos de la ciudad, que hace poco más de un mes se incendió por un corto circuito nocturno.

Heroicamente, el velador, una persona de la tercera edad, ingresó al edificio en llamas para ir a cerrar las válvulas de los tanques de gas; sin embargo, el incendio fue tan cruento, que los bomberos no pudieron apagarlo en varios días, hasta que el viejo techo del edificio se desplomó, colapsando todo al interior.

El gobierno reubicó a los locatarios en un punto cercano y de inmediato empezaron los trabajos de recuperación de vestigios históricos de este mercado. Ingresaron personas conocedoras de la historia e identificaron piezas como columnas enteras que rearmaron, numeraron y empaquetaron para guardarlas en almacenes especiales, adornos, balaustradas, pasamanos y hasta un arco completo.

La mayoría de estas numerosas piezas rescatadas serán exhibidas en museos, incluyendo una estatua de Ramón Corona, y el gran arco será colocado nuevamente en el nuevo Mercado Corona, que en breve se empezará a construir, y se espera que ya esté funcionando en el 2015.

Llama la atención el esmero y delicadeza para recoger cada pieza, cada adorno, ornamento y detalle, para limpiarlo, pulirlo, clasificarlo, numerarlo, empaquetarlo y, en su caso, algunas piezas quebradas, volverlas a armar minuciosamente, de forma que muy poco de lo que había de este viejo mercado tradicional del centro de Guadalajara, será lo que se perderá.

Esto me hizo recordar cuántas cosas han desaparecido en Manzanillo, y nadie se preocupó por preservarlas, guardarlas y darles mantenimiento para exhibirlas, dándonos así una identidad cultural de que enorgullecernos y presumirle a los visitantes.

Cuando veía esos grandes bultos de tela, amarrados, numerados, de partes del desaparecido Mercado Corona, me acordaba del Escorpión, que nadie se ocupó de rescatar cuando aún estaba en buen estado, y sólo lo rescataron cuando ya estaba desbaratándose en óxido; del andén de la antigua estación de ferrocarril, que sin previo aviso nomás un día lo recogieron como fierro viejo; algunas esculturas que nomás se han retirado y desaparecido, y nadie sabe dónde se encuentran, etc.

Una vez, cuando en tiempos de la administración de José Luis Navarrete encalló en nuestras playas una enorme ballena, a la cual no se pudo salvar haciéndola regresar al mar, y su cadáver se intentó preservarlo por diversas técnicas de embalsamamiento o disecado para exhibirla al público en algún museo; sin embargo, a falta de un trabajo profesional, fue imposible hacerlo.

La preservación de piezas del histórico Mercado Corona, en Guadalajara, es una muestra del amor que los tapatíos le tienen a su ciudad, y a nosotros tristemente parece que nos hace falta ese cariño que impulsa a preservar nuestra historia, cultura, tradiciones y costumbres que hay en otros sitios.