Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez

Sorprendente la historia de la menor porteña que escapó de su casa para ir a reunirse con un amigo virtual, en el sureño estado de Chiapas. Nadie sospechó nada y aún el taxista que la llevó a la terminal de autobuses, a pesar de las preguntas que le hizo la niña sobre el largo viaje que iba a emprender en solitario, no reportó el extraño hecho a nadie.

Igual sucedió con los expendedores de boletos de las diferentes líneas de camiones, quienes no sólo le brindaron información de que no había ningún viaje directo hasta Chiapas, sino que la orientaron para que viajara primero a la Ciudad de México, para ahí hacer el trasbordo.

Afortunadamente, el momento de la compra del boleto quedó grabado por una cámara fija ubicada en ese lugar. A pesar de todas las irregularidades, no hubo nadie que interviniera para impedir que la menor cumpliera sus riesgosos propósitos. La niña manzanillense logró llegar hasta Chiapas.

Este caso es para meditar y llamarnos la atención como sociedad, pues es sólo la punta del iceberg que hoy está emergiendo de toda una actividad delictiva en las redes sociales que se mueve de forma impune, aprovechándose de la nutrida participación de menores de edad, tanto adolescentes como niños.

En este caso, un adulto con una manifiesta perversión contactó durante un buen tiempo a una niña de 13 años a través del Facebook, la red social más popular, y con mentiras y halagos la enamoró, ya que, al parecer, la niña estaba necesitada de atención y cariño en su mundo real y cotidiano. Sólo así se podría explicar el hecho. Ni la familia cercana ni extendida, ni sus profesores, captaron ninguna señal de alarma en la pequeña, hasta que se lanzó hasta Tapachula para encontrar a su príncipe azul. Fue hasta que desapareció, que se interesaron en ella; que dejó de ser invisible.

Precisamente, un día antes de que se diera a conocer esta noticia, yo estaba leyendo en un periódico nacional sobre una red de enganchamiento de menores para prostituirlas, también a través de las redes sociales. Y esto sucede en todos lados. ¿Cómo responder a esta amenaza? El gobierno no va a venir a controlar la actividad y participación en las redes sociales, pues no estamos en una dictadura totalitaria tipo Corea del Norte o Myanmar. Sin embargo, hay cosas muy prácticas y sencillas que sí se deben hacer, como es el que los menores no tengan una computadora en su recámara. Esta es una sugerencia que han hecho muchos especialistas y no es de ahora, sino desde hace muchos años, cuando las redes sociales apenas estaban naciendo.

Nada de ponerles un equipo de cómputo en su cuarto, que usen con la puerta cerrada y altas horas de la noche. Esto es muy común, pero no es lo más aconsejable, sino que la computadora debe estar en la sala, a la vista de todos, y usarse solamente hasta cierta hora que los padres dispongan.

Tener un perfil de Facebook supuestamente no está permitido para los menores de edad; sin embargo, éstos saben cómo hacerle para sortear esta restricción, la que no es muy estricta, pues únicamente se da una edad falsa, y con eso se logra abrir un perfil personal sin problema alguno. Los padres sí deben conocer a los amigos virtuales o contactos que sus hijos tienen, y aunque no lean sus conversaciones para permitirles un poco de privacidad, sí es conveniente ver la lista de sus amigos, preguntarles quiénes son y por qué los aceptaron, sobre todo, poner especial atención a personas mayores de edad que aparezcan en esta lista, pues lo ideal es que sólo haya adultos si son familiares cercanos o alguna amistad muy próxima a la familia.

Así como en el mundo real, siempre los padres responsables se han tomado la molestia de conocer a las amistades de sus hijos, para saber si son positivas para ellos o no; igual debe de suceder en el mundo virtual con las amistades de los menores de edad.

Es falso que no deben tener supervisión alguna ni injerencia de los adultos, pues aún no son personas mayores de edad y son susceptibles de engaño por personas malintencionadas y delincuentes. Las redes sociales son un campo nuevo, algo que antes no existía, y por lo tanto, los padres muchas veces no saben cómo comportarse ante ellas; pero hay que tener claro de que en el tema de los menores de edad, los padres tienen que estar enterados y presentes.

Ya cuando son jóvenes que sobrepasan los 18 años, se supone que han formado un criterio, y tienen derecho a relacionarse con quien quieran y tener privacidad; pero es falsa esta premisa cuando hablamos de chicos de 17 años o menos.

Hay muchos pervertidos, desviados y delincuentes en este mundo, buscando cómo pintarles un mundo color de rosa a los niños, quienes tienen una herramienta muy poderosa en sus manos -el internet y las redes sociales-, y no saben a todo lo que se exponen.