Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Aunque Manzanillo empezó a despuntar turísticamente luego de que Cuyutlán le cediera la batuta en este ramo, por la destrucción de la que fuera objeto el célebre balneario en 1932 por la Ola Verde, comenzando la construcción de hoteles en Santiago, principalmente, su importancia en el renglón se puede decir que era regional, convirtiéndonos en el puerto vacacional tradicional de la Perla de Occidente.

Pero no fue sino hasta los años 70’s, con la diversas inversiones en la materia que hiciera aquí el boliviano millonario, Antenor Patiño, conocido como el Rey del Estaño por el emporio minero de que era propietario, que nuestro puerto apareció con importancia en el mapa mundial de la industria sin chimeneas. Fue entonces cuando empezaron a venir en una cantidad apreciable los visitantes norteamericanos, canadienses y europeos, aterrizando en el flamante aeropuerto recién construido.

Ya para entonces la laguna de El Valle de las Garzas era independiente, separada de la de San Pedrito, con la que había sido siempre un solo cuerpo de agua, y así es como la conocieron los fotógrafos de vida silvestre que descubrieron el paraíso de aves migratorias que era en los 60’s este vaso lacustre, a ambos lados de la carretera que conectaba a Manzanillo con Santiago, y que se extendían por detrás de la colonia de El Pacífico y Playa Azul-Salagua.

Se dio a conocer a través de publicaciones del entonces, como “México Desconocido”, de Harry Möller, programas de Imevision y otras publicaciones nacionales e internacionales que aquí existía un paraíso de aves migratorias que bajaban desde el Canadá e incluso el sur de Alaska cada año.

Por ese tiempo, en las riberas y alrededores de la laguna no había casas, ni negocios, ni empresas, sólo manglares. Solamente se veía a un costado de la carretera una brecha de terracería angosta, que pasaba a un lado de una caseta y una alta torre que pertenecía a una radiodifusora local. Del otro lado de la carretera, hacia Las Brisas, entre las casas de la colonia de El Pacífico y la laguna, había un espeso colchón de mangle.

Era una delicia pasar por ahí y ver aves de toda clase, entre las que destacaban las aves zancudas. Además, la carretera era una cinta negra muy delegada, de tan sólo dos carriles. En el año de 1987 se puso en funcionamiento la planta de tratamiento de aguas residuales de nuestra ciudad, empezándose una fuerte contaminación en las aguas de este estero, pasando a ser una laguna de oxidación, con abundancia de nitratos y fosfatos, lo que se agrava al saber que la profundidad máxima de la laguna ronda el metro, y eso de acuerdo a datos de 1997, que ya pueden haberse modificados para tener una profundidad todavía menor.

Pese a todo esto, las aves migratorias siguen llegando, aunque en una cantidad mucho menor que en los años 70’s, y esto lo puede asegurar cualquiera que la vio en aquel tiempo. Algunas de las aves que se pueden observar, si hay suerte, son el ibis, ave considerada sagrada en el antiguo Egipto; el tántalo americano, pato buzo, garcetas de pie dorado, garza blanca, espátula rosada, monjita, gallareta, pato café, avoceta, pato cuchara, pato zambullidor, cigüeña americana, garceta tricolor, gallineta de frente roja, gaviota reidora, pelícano blanco, cerceta de ala azul, pato tepalcate, pedrete de corona negra, pico largo, zanate, garceta verde, rayador, garza morena, pijije ala blanca, playero alzacolita, anhinga americana, águila pescadora, pijiji canelo, garza azul, pato boludo, fragata magnífica, pedrete corona clara, Martín pescador verde, semillero de collar, golondrina tijereta, calandria, charrán, pajarito café, zopilote, playero pihuihui y jacana norteña, entre otras.

De todas estas especies presentes en la laguna, las más habituales son el pato buzo, la garcita pie dorado, el ibis blanco, el cormorán y la garza blanca, quienes tienen su hábitat en los manglares costeros, que están en retroceso constante.

Una gran mayoría de estas aves son de las llamadas zancudas y todas acuáticas. Es una riqueza tremenda que tenemos, y que día a día se está perdiendo. Hoy ya no llaman la atención como antaño, porque su presencia es mínima.

A finales de los 80’s los fotógrafos empezaron a dejar de venir y la importancia de esta laguna en cuanto a observación de aves decayó. Quien no vio aquellos espectáculos en que la laguna hervía de aves, principalmente garzas y flamencos (o flamingos), no puede imaginarse aquello.

La parte de la laguna de Las Garzas que queda en la parte trasera de la delegación de Las Brisas está perdida, porque ya fue absorbida por el crecimiento del puerto, y lo mismo ha sucedido con la de Tapeixtles, que se puede declarar extinta, desaparecida. Antes, algunas aves se movían entre estos cuerpos de agua y la laguna de Cuyutlán, pero hoy han quedado cercadas por el crecimiento de la mancha urbana, tan sólo en Las Garzas.

La Agrupación Ciudadana Manzanillense (Aciman) ha hecho un encomiable esfuerzo por salvar esta laguna, y la creación del Patronato de la Laguna de Las Garzas, que propugna por la creación del Parque Metropolitano, da esperanzas de que pudiera salvarse; pero cada vez éstas van desapareciendo y al parecer, como ha sucedido con otras bellas y benéficas lagunas de nuestro municipio, también van a desparecer.

Aún recuerdo cuando los cazadores sabían que había perritos de agua o nutrias en la laguna de Juluapan, y hoy se han acabado. Todavía estamos a tiempo en Las Garzas.