Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez

Bastante conmoción ha causado la información vertida en los medios locales y reproducida de forma imparable en pocos días por los medios nacionales, y ahora ya hasta internacionales, causando revuelo en las redes sociales, sobre el posible desencadenamiento de un tsunami o maremoto en las costas colimenses producto de una erupción violenta del Everman en Revillagigedo, en la Isla del Socorro, similar a la del volcán Krakatoa, situado en la isla de este nombre ubicada entre Java y Sumatra, islas pertenecientes a la nación-archipiélago de Indonesia, acaecida entre el 26 y el 27 de agosto de 1883.
Quisiera hacer un rápido recuento de aquella catástrofe de finales del siglo XIX para ver con qué se está comparando el supuesto riesgo del Everman.
Aquella fortísima erupción provocó varios enormes tsunamis de más de 40 metros de altura, haciendo hervir el agua en una zona amplia del Mar de la Sonda, y oyéndose la explosión hasta lugares tan lejanos como Australia, y la isla africana Rodríguez, lo que se cree ha sido uno de los sonidos más fuertes que se han generado en la historia.
Marinos que estaban a 40 kilómetros de distancia quedaron sordos por el estruendo, pero pudieron percibirse hasta los tres mil 500 kilómetros de lejanía, ya de una manera un poco más suave. Dejó islas completas sin un solo habitante vivo en un radio grande en torno al foco del desastre. La ola destruyó cerca de 300 ciudades, siendo una suerte que Indonesia y la región cercana del Indico no estaban muy pobladas como ahora.
Los datos sobre muertos del gobierno colonial holandés lo demuestran. Todavía un año después del cataclismo, aparecían muertos flotando sobre el mar en la costa de Africa. Los efectos duraron años, al presentarse en todo el mundo extraños atardeceres de colores rojizos debidos a la gran cantidad de cenizas que quedaron flotando en la atmósfera. Muy poquísimas erupciones en la historia del planeta han tenido esta potencia.
Se sabe que actualmente existe una amenaza latente corroborada por los científicos para una amplia zona del Atlántico, debido al volcán Cumbre Vieja, en las Islas Canarias, cuyo cono se dice que podría derrumbarse, creando un mortal maremoto que golpearía la costa atlántica norteamericana, caribeña, mexicana y centroamericana. El Volcán Everman está activo, como hay muchos, muchísimos en el Océano Pacífico, por el Anillo de Fuego, gran parte de ellos potenciales de crear peligrosos maremotos. No destaca por su peligrosidad más que cualquier otro, además de que no está en una etapa eruptiva particularmente amenazante como para caer en alarma, y más cuando todas las notas relacionadas a una increíble catástrofe de magnitud semejante a la inusual del Krakatoa, así haya aparecido en un medio en Tecomán, en Colima, en Guadalajara, Zacatecas o Los Angeles, todas provienen de una misma fuente, que es el director general de la Unidad Estatal de Protección Civil, Melchor Ursúa Quiroz, quien ya ha dado una aclaración al respecto, indicando que sus palabras fueron tomadas fuera de contexto y sin mesura, entrevista que no tuvo la misma difusión y repercusión mediática que la primera, porque así somos los seres humanos, lamentablemente, que nos gusta lo sensacional.
Este cono en la isla del Socorro, que tiene una altitud de mil 130 metros sobre el nivel del mar, cesó su última etapa eruptiva importante en 1994, hace 20 años, sigue activo, de manera que, aunque el riesgo siempre existe, no ha crecido de forma especial en los últimos días o el último año (también existe otro volcán en las islas Revillagigedo, que es el Bárcena, con una altitud de 332 metros sobre el nivel del mar, que no ha tenido actividad importante desde que hiciera erupción en 1952).
La información se ha distorsionado tanto al ir corriendo de boca en boca, portal en portal, perfil en perfil, página en página y de un sitio web al otro, que se está manejando muy localista, pues de un ocurrir una catástrofe así, y más de la magnitud en que se menciona (como Krakatoa), el peligro no sería sólo para las costas de Colima -por lo demás un litoral muy pequeño-, sino para todo el Pacífico mexicano, desde Nayarit hasta el sureste, e incluso hasta las costas de los países de Centro América, además de que también estaríamos hablando de que las ondas saldrían en todas direcciones, y también viajarían hacia el otro lado del Océano Pacífico, impactando en muchas islas y archipiélagos poblados.
La amenaza de una explosión de condiciones semejantes a las del Krakatoa en el archipiélago de Revillagigedo sería una alerta mundial. Recordemos que en el aquel caso del siglo XIX, la ola generada fue tan potente, que dio vuelta al cabo de Buena Esperanza, en la parte más al sur de Africa, pasando al Atlántico, claro que ya de dimensiones muy reducidas y escaso poder de destrucción; pero sí siendo perceptible en el control de las mareas.
Qué bueno que se instalen boyas en altamar para medir el nivel del océano frente a nuestra costa (lo cual por cierto, no es algo que se haya colocado hace unos días o semanas), y qué bueno que se piense en colocar sirenas de alarma en las playas y sitios costeros para alertar a la población para que, en caso de presentarse un maremoto, puedan desplazarse con rapidez a zonas elevadas (lo que en Manzanillo afortunadamente no es muy difícil, porque siempre tenemos cerca algún sector, algún cerro, todos con andadores o calles para subir con relativa facilidad a una altura segura, a excepción de Las Brisas o el Valle de las Garzas, que son planos).
Qué bueno que se tomen la mayor cantidad de medidas posibles contra catástrofes como éstas. Debemos de avanzar en las medidas de protección civil, y no esperar a que suceda una desgracia. Pero de eso a que un riesgo así sea inminente, hay una distancia. Esperemos en Dios que no sucede algo así, aunque estemos debidamente preparados, cual debe.