Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Hace algunos años -no muchos, por cierto-, se escuchaban muchos proyectos para desarrollar la actividad pesquera en nuestro municipio, la cual es una de las profesiones más antiguas que se han ejercido en nuestra costa, pues recordemos que ya en los tiempos prehispánicos los indígenas que habitaban la zona se dedicaban a pescar y bucear; actividad que siguió luego de la conquista.

Después, esta vocación cedió terreno ante la actividad portuaria que se empieza a desarrollar a partir del traslado del viejo puerto de Salagua a la bahía de Manzanillo en 1825, y luego a partir de 1932 empieza también a cobrar importancia la actividad turística, también llamada industria sin chimeneas.

Luego, a partir de 1953, gracias a los esfuerzos y gestiones de personas como Luis García Castillo, Alberto Caligaris, Guillermo Adachi Naitoh, Leroy Dorsey, Alfredo Woodward Téllez y Eduardo Machetto, se detona la pesca deportiva, ganándose Manzanillo el estatus de Capital Mundial del Pez Vela en 1957.

En 1971 arranca operaciones la planta termoeléctrica Manuel Alvarez y en 1974 Peña Colorada empieza a funcionar, estos dos hechos detonan la actividad industrial, que crece muy de la mano con la actividad portuaria. Sin embargo, la actividad pesquera ribereña o comercial, que aun da de comer a tantas familias porteñas, poco a poco ha sido dejada de lado por las autoridades, pues las anteriores vocaciones inciden de manera muy precisa en las aguas marinas con la polución que generan, alejando cada vez más las presas que los hombres del mar buscan para su captura, ya sea para su venta, y en algunos casos, para consumo personal.

Después de un relativo interés que se despertó gracias al activismo destacado de Pedro Figueroa Fuentes en los ámbitos estatal y municipal en este sector, nuevamente se la ha dejado en el olvido. Al parecer, casi se entendería como si de alguna manera se quisiera dejar morir esta actividad, que quizá en la macroeconomía se pueda ver como insignificante y poco lucrativa, pero que es el sustento de muchas personas, incluyendo a aquellas que, por su edad, ya no tienen otras oportunidades de empleo, y, sin embargo, a raíz de esta actividad característica, no sólo han mantenido a su familia, sino que han cubierto los gastos relativos a los estudios de sus hijos, hasta convertirlos en profesionistas.

Después de que en el tiempo de la gubernatura de Silverio Cavazos se le diera un fuerte apoyo al sector pesquero, estando al pendiente de sus necesidades, reclamos y hasta caprichos, todo parece indicar que a últimas fechas, nuevamente los pescadores ribereños están con su suerte al garete. Ellos también, hay que decirlo, tienen mucha de la culpa, ya que no les caracteriza mucho que digamos el ánimo de progresar, pues no han querido recibir ninguna actualización en técnicas de maricultura, no respetan las vedas que son para su propio beneficio al buscar que algunas especies se recuperen, ni se modernizan en la ejecución de su actividad.

La pesca es una de las riquezas de nuestra costa, y no debemos perderla, sino aprovecharla de una forma racional, lo mismo de forma artesanal, que usando las técnicas modernas que permitan una mayor productividad. Recordemos que siempre será una de nuestras vocaciones primarias, pues estamos pegados al mar y, como decían nuestros padres y abuelos: “Aquí nadie se muere de hambre, pues si no haya trabajo, se va uno al mar y saca uno un pescado para comérselo con su familia”.

El mar es un recurso con el que contamos, y las actividades naturales de Manzanillo contemplan la pesca comercial, artesanal o ribereña, además de que se requiere la implementación de técnicas modernas de piscicultura, maricultura, arrecifes artificiales, etc., para buscar ser más productivos en ella, sin dejar de lado las otras actividades propias de nuestro puerto, buscando hacer que todo sea lo más compatible posible.