Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Estamos inmersos en nuestras tradicionales Fiestas de Mayo y el día de ayer, en especial, se conmemoró la entrega de pisos del fundo legal en el año de 1854, hecho histórico que trajo mucha alegría a los entonces escasos habitantes de Manzanillo, una población costera pequeña y sin gran importancia, donde la mayoría de los trámites, aun los relacionados con el puerto, se realizaban en la capital del estado, la distante ciudad de Colima, con la que no había ni siquiera buena comunicación, pues el camino en forma empezaba a partir de Paso del Río, Armería (por ahí por donde estaba una hacienda que fuera propiedad de la familia del afamado pintor Alfonso Michel, que muchos años después, ya en el siglo XX, viviera en Manzanillo en la posada o casa de huéspedes 5 de Mayo y en el Sector 1).

Manzanillo, en ese lejano 1858, con trabajos figuraba en el mapa, pues su condición de puerto de altura y cabotaje no era constante, sino que dependía en buena medida de los vaivenes políticos y de las presiones en su contra de parte de los puertos competidores, como San Blas.

Desde entonces, los festejos en mayo se hicieron constantes, donde la gente bailaba en improvisados tapancos hasta desfallecer. Claro que Manzanillo seguía siendo un puerto muy insalubre por los miasmas que despedían las lagunas de Cuyutlán y San Pedrito, sobre todo en las épocas de sequía, habiendo constantes epidemias, además de plagas de zancudos, alacranes y el golpe constante de ciclones y temblores que afectaban las precarias casas, por no decir chocitas.

Aparte del jardincito, llamado Galván a partir de 1885, por la inversión que para su habilitación hiciera este administrador de la aduana local, pintoresco pero diminuto, y la casa de gobierno, fuera de lo relacionado al movimiento portuario el área de El Playón, las pocas habitaciones estaban diseminadas a lo largo de la calle Principal, la Juárez y los cerros en torno, principalmente el de El Vigía.

En este mismo mes de mayo, en Manzanillo han pasado muchas otras cosas importantes, dignas de recordar, pues el primero de mayo de 1824, el Gobierno Federal decretó la apertura de nuestro puerto, reubicándolo de su antiguo asentamiento en Salagua.

También, el primero de mayo, pero de 1848, se estableció a Manzanillo como puerto de altura y cabotaje. Además, en el primer día del presente mes, ahora en 1948, se elevó a Manzanillo a la categoría de ciudad.

Son interesantes nuestras fiestas, pues a diferente de la gran mayoría de ciudades y poblaciones del país, nuestros festejos tradicionales no son por causa de ningún santo, virgen o suceso religioso, pues en todo caso, éstas se llevarían a cabo en diciembre, pues la parroquia de Guadalupe es la principal y más antigua de Manzanillo; pero en vez de esto, se puede decir que la nuestra es una celebración cívica, ya que se celebra la fundación de Manzanillo, su elevación a puerto y la repartición de las primeras propiedades.

Con esto se demuestra que Manzanillo siempre ha sido laico, lo que quedó de manifiesto cuando se arropó en 1858 al presidente Juárez, adalid del laicismo y la separación de la iglesia y el Estado, y se reforzó cuando el 24 de mayo de 1928 -también en este mes- la población con ayuda de las autoridades civiles y militares rechazó la irrupción de las tropas cristeras, a las cuales se aniquiló por completo gracias en gran medida a que la población no colaboró con ellos, y a que se dio una rápida respuesta de las autoridades, presentándose incluso el gobernador del estado, Laureano Cervantes, hecho de armas por el que muchos viejos porteños, como mi abuelo Wenceslao Cisneros Villegas, quien estuvo a su lado en aquel trance, le llamaban General.

Esto es interesante porque así toda la población, sin importar sus creencias o filiación religiosa, puede participar de las fiestas, tomando en cuenta que en Manzanillo hay diversidad religiosa.

Aquí también somos un puerto moderno, si tomamos en cuenta que fue fundado ya en la época del México independiente, en sus primeros años, aunque es heredero del viejo poblado de Salagua prehispánico y de tiempos del dominio español. Un Manzanillo polifacético: Portuario, industrial, turístico y pesquero. Con sus virtudes y defectos, nuestro puerto es hermoso y con grandes perspectivas de crecimiento y desarrollo, por lo que es un privilegio vivir aquí.