Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Pasó Semana Santa e inmediatamente después, quizá como una reacción a la presencia masiva de bañistas y sus consiguientes desechos en este corto período, inició una severa marea roja, con una toxina bastante peligrosa, por ocasionar molestias a quienes consuman mariscos crudos o semicrudos (cocidos con limón), que van desde ligeras hasta incluso parálisis.

Así es que hay que tener cuidado, pues es costumbre local consumir ensaladas diversas, como tahitiana, ceviche y otras variedades en que sólo con cítricos (naranja y limón) se blanquea la carne de especies como el ostión, almeja, gorro, cayo de hacha y hasta pescados diversos, lo cual no asegura su limpieza, menos en este caso que hay fitoplancton presente en las aguas con una toxina bastante tóxica.

También hay que decir que sería conveniente investigar que hay supuestos derrames industriales al mar, lo cual le corresponde a las autoridades sanitarias y medioambientales investigar. Por cierto que, y aprovechando esta información que desde hace dos días se dio a conocer, quisiera señalar que en Manzanillo cada vez se da más el consumo del pez globo, también conocido aquí como sapo, el cual antes se desechaba como basura cuando salía en las redes de los pescadores comerciales, porque ni ellos lo consumían, y mucho menos se comercializaba; sin embargo, ahora la gente lo busca y hasta se vende fileteado, sin haber restricción.

Y esto, ¿por qué lo digo? Porque el globo es un pez con una fuerte neurotoxina que para poder filetearlo, que es lo primero que se tiene que hacer para comer las gambas directamente o molerlas para ceviche, se tiene que tener una gran pericia, pues si se llega a contaminar la carne con tetradotoxina, el consumidor puede paralizarse o morir. En Japón, con su carne se prepara el plato llamado fugu (pez globo en japonés) y sashimi, y para hacerlo se ocupan cocineros certificados, expertos, por el peligro que entraña comerlo, y en otros países se ocupa contar con una licencia especial que avale al chef para poder preparar alguna comida que lleve carne de pez globo (que aquí incluimos dentro de las variedades de peces sapos, con la cual se comprueba que el cocinero recibió un entrenamiento especial).

El gobierno japonés tiene leyes para controlar a los restaurantes que preparan globos y su carne, por esto mismo, se vende a precios muy elevados; sin embargo, aquí en Manzanillo es relativamente fácil conseguir carne de pez globo, en gambas o molida, preparada por pescadores usando sólo agua y cuchillo. El veneno en el animal se disemina principalmente en el hígado, los ovarios y la piel.

La toxina paraliza los músculos totalmente, mientras el intoxicado sigue consciente hasta morir por asfixia, lo que sin duda, como puede entreverse de lo anterior, debe ser una muerte horrible. Es como el botulismo, de donde se saca el bótox, que en mínimas cantidades se usa para disminuir las arrugas al inyectarlo en las partes del rostro más ajadas por el paso de los años, y este efecto es por la parálisis que sucede en los músculos de la parte inoculada de la cara, que por ser una cantidad mínima de la toxina no trasciende a más partes del cuerpo. Esta es pues una de las aplicaciones benéficas de la tetradotoxina, que también es usada en el vudismo, tanto en Haití como en el Centro de Africa, Cuba y Nueva Orleans, parte de la receta por zombizar a un ser humano, además de veneno para flechas junto con extracto del árbol de la manzanilla que usaban los caribes y algunas tribus sudamericanas (Ecuador, Perú y Brasil, en la zona amazónica).

Esa misma toxina, pues, que está en la carne del pez globo-sapo, se vende y consume mucho en Manzanillo y de forma libre, sin control, cada vez en mayores cantidades. Quienes sacan la carne que luego los porteños llevan a sus hogares, no son chefs ni cocineros entrenados o certificados, para nada, sino pescadores ribereños que ponen al pescado (que por cierto no posee escamas) directamente bajo el chorro intenso del agua, supuestamente para que éste se lleve las sustancias nocivas y retiran las partes contaminantes que a simple vista pueden ver, y de ahí sacan las gambas blancas con un filoso cuchillo, pues hay que decir que es una carne de un color muy bonito, belleza que oculta su publicidad.

La toxicidad de este pez, hay que recordarlo, no se quita con la cocción y no hay antídoto. Aguas, pues, y piénselo bien antes de comerlo.