Desde el Malecón


Víctor Manuel Martínez

 

La utilización de forma masiva del Puerto de Cuyutlán no es sólo una opción, sino una necesidad, porque el Puerto de San Pedrito-Las Brisas desde hace tiempo que está colapsado, rebasado en su capacidad, y sobrevive haciendo malabares para acomodar todo en su reducido interior.

Pensar que inicialmente Manzanillo hacía sus operaciones portuarias de altura y cabotaje únicamente en el área de El Playón y el Muelle Fiscal, y alcanzaba, pero desde finales del Siglo XIX ya el entonces presidente de México, el general Porfirio Díaz, artífice del desarrollo manzanillense, vislumbró la necesidad de abrir un puerto interior en la Laguna de Cuyutlán, por lo que procedió a intentar abrir un canal de navegación entre la playa de Ventanas y la laguna, en la zona que hoy se conoce como El Tapo.

Se dice que lo que los obreros de la construcción lograban abrir el canal en el día, pero en la noche el mar lo volvía a derrumbar, por su bravura. Esa es una de las razones por las que desde un principio se pensó en instalar el Faro de Manzanillo en Ventanas, donde se encuentra.

Incluso, muchos antes de esa fecha, en 1861, los ingenieros Juan Bautista e Ignacio Matute elaboraron un ambicioso proyecto que unía por medio de canales el Río Armería, la Laguna de Cuyutlán y la bahía de Manzanillo. En 1946 nuevamente se hace un gran emprendimiento para buscar comunicar la bahía con la laguna, ahora haciendo un corte entre los Sectores 5 y 6, que al final no se concretó por costoso, y que finalmente terminó siendo una calle, que hoy conocemos como J. Jesús Alcaraz, y más popularmente, El Tajo.

Fue hasta el cuatro de marzo de 1976 cuando se abrió esta comunicación entre el vaso lacustre y el océano, la cual culminó oficialmente en 1977; pero con fines distintos, pues la CFE lo pensó para enfriar sus calderas, y aparte se formó un pequeño balneario.

Fue hasta los años 70’s que se abrió el Puerto Interior en la Laguna de San Pedrito, que, curiosamente tuvo dos inauguraciones; primero por los presidentes Díaz Ordaz y luego por Echeverría. Siempre se creyó una medida preliminar, útil para algunos años, pues se supo siempre que tarde que temprano se tendría que darle uso portuario a la laguna de Cuyutlán, como muchas veces, ya desde los años 90’s, se le escuchó decir al líder de los estibadores del puerto y gran conocedor de la materia, ex presidente Cecilio Lepe Bautista.

Ahora que finalmente se cuenta con un puerto en la laguna, como fue soñado por generaciones, se le da un uso ínfimo, se subutiliza, y se opta por seguir haciendo operaciones amontonadas y difíciles de ejecutar en un puerto chiquito con gran movimiento.

Quizá actualmente todavía sirva para las operaciones que requerimos, pero no podemos ser conformistas, pues si queremos crecer y detonar nuestro movimiento de mercancías, tenemos que echar mano de ese gran recurso con que contamos, que es el puerto interior en la Laguna de Cuyutlán.

Cuando se logre balancear la actividad en ambos espacios, seremos de los pocos puertos que podrán presumir de tener dos puertos interiores en una misma ciudad.

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