Desde el malecón


Por Víctor Manuel Martínez

 

Es una tristeza ver el estado en que se encuentra el Mirador de El Tapo de Ventanas, quebrado en mil pedazos y siendo un peligro grande para cualquiera que se atreva a querer visitarlo.

Recuerdo mi niñez, cuando en compañía de mi familia y a veces llevando a familiares o amigos que nos visitaban de otras ciudades, comíamos ahí carne asada, y disfrutábamos  viendo el paisaje marino, con sus olas majestuosas, que rompían sobre los tetrápodos, esas estructuras con puntas hechas con concreto en forma de estrellas.

Por las tardes, ahí se podían ver unas puestas de sol, impresionantes e inolvidables, y por las noches, las estrellas, eran el techo que nos cubría, y cuando había mucha suerte, algunos podían ver un cometa. No faltaba el que aprovechaba la visita para ponerse a pescar, y ahí mismo, con la captura fresquecita, se cocinaba y degustaba.

Pasó el tiempo y el lugar se fue deteriorando de forma paulatina; nunca se veía que le dieran mantenimiento. Daño que sufría por el embate del mar embravecido, daño que se quedaba y posteriormente se agravaba. Hay que recordar que esta conexión entre el Océano Pacífico y la laguna de Cuyutlán, fue practicada sobre una playa de mar abierto, aprovechando que en este punto, la distancia que separa a ambas masas de agua es escasa.

Ahí fue donde Porfirio Díaz a finales del Siglo XIX y principios del XX intentó hacer esta obra, pensando en que el Puerto Interior de Manzanillo fuera ahí, y ese fuera el canal de acceso para los buques mercantes y de pasajeros, que en esa época eran más pequeños que los actuales. En aquellos tiempos, la tecnología existente, todavía rudimentaria, no permitió que la obra llegara a feliz término, pues dicen las crónicas al respecto que, lo que los trabajadores abrían durante el día, el mar lo estropeaba durante la noche.

Fue hasta el 4 de marzo de 1976 que este sueño largamente acariciado se concretó, pero ya con un fin muy diferente al inicial, pues se abrió la comunicación acuática para enfriar las calderas de la Planta Termoeléctrica “Manuel Álvarez”. Para ese entonces, ignorando el futuro crecimiento exponencial que tendría nuestro puerto comercial, el gobierno federal se sentía satisfecho con el puerto interior que se había abierto en la laguna de San Pedrito.

El puente de Ventanas, por su parte, se construyó hasta el año 1977, el cual ya ha sido reparado en varias ocasiones. La magna obra emprendida por la CFE se culminó en su cabalidad hasta 1978.

Muchos piensan que el Mirador en la punta hacia el mar en el canal de Ventanas, con sus tetrápodos son solo un adorno para servir de mirador a visitantes y turistas, pero en realidad, también tiene la función de romper el oleaje y proteger la integridad de todo el canal de comunicación del agua del mar con la laguna. Hay que fijarnos, que aunque quizá no sea tan llamativo, también del lado opuesto al mirador de El Tapo hay una punta con plancha de concreto y tetrápodos, aunque esta parte no es fácil que se pueda visitar.

Son una especie de rompientes y protección para toda esta estructura arquitectónica. Al no dárseles mantenimiento por años, y a efectos del elevado y bravo oleaje que ahí suele haber gran parte del año, y que en épocas de ciclones son monstruosamente gigantes, es lógico que se haya dañado de la forma en que lo está el mirador, y con ello todo el canal esté en riesgo, pues sus puntas podrían irse al fondo del mar en cualquier instante.

Una gran cantidad de estrellas o tetrápodos ya se han perdido, al quebrarse, y nunca han sido sustituidas, la parte frontal hacia el mar se quebró hace mucho y desapareció, y las planchas de concreto donde antiguamente paseaban las personas y por donde se acercaban los automóviles y camionetas, está prácticamente flotando sobre el agua, pudiendo en cualquier momento deslizarse enteras a las profundidades, llevándose con ellas todo lo que esté encima.

También las paredes del canal, al no poder cumplir las rompientes en sus puntas su papel, se han ido socavando, de manera que en cualquier rato se desploman. Se pensó que aquello bonito que se inauguró hace alrededor de cuarenta años iba a durar toda la vida; pero sin mantenimiento, es imposible que las cosas duren y, sobre todo, se conserven en buen estado.

Actualmente, el paso hacia el mirador está bloqueado por grandes moles de concreto, y solo se puede llegar hasta la mitad de la plancha; aunque hay que decir que en caso de un deslizamiento, todo, desde el inicio de la plancha, donde aun se estacionan carros en ocasiones se puede caer al agua.

Urge que se repare el mirador, que se coloquen tetrápodos nuevos o cualquier estructura diseñada especialmente para servir de rompiente, barrera y soporte, y se repare este sitio, que en realidad es una defensa y protección de toda la obra, porque si no se hace así, en cualquier rato se irán al mar las puntas, se desmoronarán las paredes del canal y se acabará la comunicación entre el mar y la laguna, y la afectación no solamente será para la termo, sino también en materia pesquera y turística.

Hay que recordar que se volvió la zona en todo un emporio pesquero,

gracias al saneamiento lacustre que se generó con este paso comunicador de agua salada, y que se creó en torno un balneario popular muy conocido, como lo es El Tapo.

Si no cuidamos las cosas, tarde que tempranos se averían y se acaban. El mantenimiento y las reparaciones son necesarios para conservar las obras de ingeniería de un municipio, como en este caso.