Desde el Malecón


Víctor Manuel Martínez

 

Con mucho agrado me enteré el pasado lunes que el Ayuntamiento de Manzanillo y la Universidad de Colima firmaron un convenio de colaboración que beneficiará a nuestro municipio en cuestiones culturales, deportivas y académicas, entre otros temas.

Aunque la relación se ha tenido que dar de manera natural desde hace años por cuestiones de convivencia, pues la UdeC tiene planteles escolares y diversas instalaciones aquí; no existía en el plano oficial un acuerdo específico con Manzanillo, el municipio más grande, poblado y dinámico comercialmente hablando, debido a ser el principal puerto del país.

Por su parte, la Universidad de Colima, aunque ya no puede presumir como en los tiempos de la rectoría de Fernando Moreno Peña con ser la mejor del país, sigue siendo una gran casa de estudios, con un lugar privilegiado entre las principales universidades mexicanas.

Sin embargo, a pesar de las realidades antes señaladas, no hay una presencia tan significativa universitaria en la sociedad porteña; porque todos sabemos que la UdeC tiene una vida cultural y deportiva de primer orden, amén de lo académico y muy especialmente en la investigación; sin embargo, la mayoría de las acciones culturales y académicas que lleva a cabo en el año nuestra Máxima Casa de Studios, se llevan a cabo en la capital del estado, donde está centralizada su atención y esfuerzo, por lo visto.

En Manzanillo estamos carentes y ávidos de contar con museos, galerías, exposiciones, presentaciones artísticas, certámenes y torneos como los que se llevan a cabo en Colima y Villa de Alvarez, zona conurbada del estado, donde se concentran estas manifestaciones. Estamos necesitados no sólo de tener eventos culturales, sino de ser expuestos y tener roce con la cultura.

Recuerdo cuando estaba hace ya algunos ayeres en el Bachillerato 10, ubicado en San Pedrito, la vez que quedé muy impresionado porque tuvimos en el pequeño auditorio de nuestra escuela un concierto de música jazz, con músicos afroamericanos que dieron un espectáculo de primer orden para una pequeña audiencia de alumnos y maestros. Eso no se volvió a presentar ni nada semejante en todos los años que fui universitario, mientras cursé estudios en el citado bachillerato y en la Esca 2 en El Naranjo. Algún tiempo tuvimos el privilegio de contar con el Museo de Arqueología, ubicado dentro del campus en San Pedrito, pero tras ser averiado por un sismo, nunca ha vuelto a abrir sus puertas.

En Manzanillo centro, por ejemplo, desde hace años que no contamos con un cine, cuando hubo una época en que tuvimos funcionando al mismo tiempo a tres, que fueron: Bahía, sobre la calle Juárez; Manzanillo, en la calle Hidalgo; y Puerto, en Pedro Núñez. No contamos con algún teatro, cuando en el pasado contamos con el Heliodoro Trujillo, Angela Peralta y el Teatro México.

Nos falta un ballet que nos haga sentirnos orgullosos de sus logros y éxitos, como sucedió hace tiempo con el desaparecido de Felipe López, que viajó al extranjero y se presentó en “Siempre en Domingo”, por entonces uno de los principales programas televisivos de espectáculos en Latinoamérica.

No tenemos galerías de pintura, especialmente destinadas para exposiciones de la plástica local y foránea, para no depender de que esté desocupado el vestíbulo del edificio de la Presidencia Municipal o alguno de sus portales, que han servido en ocasiones de improvisadas salas de exposición, por donde han desfilado obras de connotados pintores manzanillenses, como Enrique del Castillo, Hilario Zapién, Carlos Escobar y Felipe Vázquez Arechiga, entre otros. Es por esto que es muy necesario que se dé esta colaboración y relación estrecha entre el gobierno municipal y la Universidad de Colima. Esperamos que pronto podamos ver los primeros frutos de esta firma, en beneficio de los manzanillenses.