Desde el Malecón


Víctor Manuel Martínez

 

Llegan las Fiestas Patrias y puede sentirse claramente entre la población que aquel nacionalismo y patriotismo que antes era tan marcado, ya no existe más.

Algunos le dirán que los héroes nacionales no fueron tan buenos y que tenían intereses ocultos, que estaban llenos de defectos o que de plano son inventados. Los más, le dirán que no hay nada que celebrar porque el gobierno mexicano está lleno de corruptos y el país está destrozado, con una economía que se ha ido del todo a pique y, por todo esto, no hay nada que celebrar en las fiestas mexicanas de este septiembre.

Este fenómeno se viene dando desde hace algunos años, pero de dos o tres a la fecha se ha acentuado muchísimo. Las personas ya ni siquiera respetan a la bandera, no la quieren saludar, y no vaya usted a creer que son de alguna secta que por motivos religiosos les impidan hacerlo, no; lo hacen porque, en primer lugar, ya ni civismo se enseña en las escuelas.

Anteriormente México era un ejemplo a nivel mundial de nacionalismo. Era uno de los países donde se respetaba más a la bandera, y donde el Himno Nacional se cantaba con más vehemencia y sentimiento; pero hoy, lamentablemente, ya no es así. Por lo menos en Manzanillo esto ya no se observa.

Las redes sociales se inundan por estos días de esos mensajes que mezclan textos cortos ingeniosos con imágenes ad hoc, conocidos como memes, en que se dice que este 15 de septiembre no hay nada que celebrar. Y, repito, señalan como principal responsable de la falta de ánimo y voluntad para celebrar el aniversario de la Independencia Nacional al gobierno mexicano en todos sus ámbitos y niveles, lo que creo que no es correcto.

Este 16 de septiembre no se celebra al gobierno ni a los políticos; se celebran nuestras tradiciones, idiosincrasia, valores, costumbres, raíces, historia, gastronomía, cultura, artesanía, flora y fauna, arte, música, héroes, personajes, arquitectura y un larguísimo etcétera.

Tenemos muchísimo que celebrar los mexicanos, y los manzanillenses en general, y no debemos de centrarnos únicamente en la economía y la política, porque entonces nos vamos a amargar.

Si te gustan los tacos, el menudo, la birria, el pozole, las tortas, los tamales o el mole; la música de mariachi, los boleros, la norteña o la de banda; la obra muralista de Rivera, Orozco y Siqueiros; las pinturas de Frida Kahlo, Velasco, El Dr. Atl y Tamayo; si aprecias los vestigios prehispánicos como las pirámides, las cabezas olmecas y estelas; si disfrutas con nuestras playas, volcanes y paisajes de montaña, ríos, valles y lagunas; y si admiras a nuestros deportistas y escritores nacionales, entonces tienes muchas cosas que celebrar de nuestro país, de ser mexicano.

Yo sí me enorgullezco de ser mexicano; de los políticos y del gobierno quizá no, pero la celebración no es de ellos ni para ellos. El nacionalismo, mientras no se caiga en excesos como se quiso imponer en la España franquista, en la Alemania nazi o en el Japón imperial de Hirohito, es un motor que nos impulsa a ser mejores y superarnos, pues nos da una razón para hacer las cosas y producir.

Y tenemos también nuestra patria chica, que es Manzanillo, un puerto con su propia historia, costumbres, paisajes y personajes propios.

¡Viva Manzanillo! ¡Viva México!