Desde el Malecón


Víctor Manuel Martínez

Se están anunciando muchas obras para el Valle de las Garzas, concretamente para el Barrio I, como es el Acuario y un Museo contiguo, que no sabemos aún que temática tendrá, además que se sigue avanzando en cuanto al proyecto del Parque Metropolitano de la Laguna de Las Garzas. Qué bien por esta delegación, que podrá empezar a forjar una vocación turística para esta zona, que actualmente sólo es habitacional y comercial; pero, entonces nos preguntamos: ¿Cuándo veremos obras como éstas en el antiguo casco urbano de Manzanillo?

La verdad es que es muy difícil que obras similares puedan hacerse en un área tan estrecha y saturada de negocios y viviendas, donde hay calles angostas y falta de espacios libres y terrenos o locales apropiados para habilitar galerías, museos, teatros o edificios semejantes, y ni siquiera hay lugares susceptibles de recibir la instalación de esculturas. Es por eso que es muy importante que lo poco que existe, se mantenga y embellezca.

Tenemos el caso del Iguanario, que es una iniciativa ciudadana que levantó de la nada el señor Ramón Medina Archundia, y que poco a poco ha ido ganándose el respaldo y simpatía ciudadanas, que lo defendieron cuando autoridades ecológicas estatales quisieron clausurarlo. Poco a poco se han ido haciendo los trámites necesarios para regularizarlo y se supone que los gobiernos estatal y municipal le dedican atención y una inversión importante para levantarlo y proyectarlo como se debe.

Otro gran atractivo a impulsar, que por el momento sólo se encuentra en el papel, es el parque que se pretende construir en la parte trasera de la Unidad Habitacional Padre Hidalgo, contiguo a la laguna, el cual podría ser una extensión natural del Iguanario, pues todo esto es el mismo ecosistema.

Para continuar con embellecer y resaltar los atractivos del Centro Histórico, hay que mantener en buen estado el jardín Alvaro Obregón, con su famosa explanada del Pez Vela, y la Plaza Cívica Benito Juárez, donde hay que reactivar las Fuentes Danzarinas y hacerla más arbolada, lo cual no perjudica en nada su categoría de cívica, sino que por el contrario, beneficia a los asistentes a los eventos que ahí se realizan e invita a los visitantes para que se sienten en sus bancas o caminen por su extensa plancha.

En el mismo corazón de la ciudad tenemos la Plaza de Las Palmitas, a la entrada de la Unidad Padre Hidalgo, la cual todos los días es muy visitada, y se ha convertido en un referente de la zona para muchas personas.

Otros puntos a destacar que entre todos pueden contribuir a hacer más atractivo al centro, tan afectado por la obra del distribuidor vial de San Pedrito, son el Teatro al Aire Libre “Espíritu Santo”, en El Tajo; el Mercado “5 de Mayo” y el Mercado de Comidas “Los Agachados”. Tenemos pendiente el proyecto del Teleférico hacia el Cerro de El Vigía o Sector I.

Fuera de ahí, siendo realistas, no hay mucho para realzar al colapsado centro, que fue diseñado pensando en pequeño, en un pueblo chico, trazado de muy antiguo y que para estos tiempos, ya es muy difícil hacerle modificaciones.

Para que pudiera hacerse más bonito el recorrer sus contornos, lo que se debe hacer es cerrar la calle México a la circulación vial, y convertirlo en un área peatonal. De esta manera, se emparejaría la calle con el nivel de las aceras, se pondrían jardineras y macetas con vegetación de toda clase, se podrían colocar fuentes, esculturas, banquitas y muchos otros aspectos de interés para los paseantes, sean locales o visitantes nacionales y extranjeros.

Es la forma única en que el viejo Manzanillo podría competir en la atracción de turistas, pues ya sabemos que, aunque las pocas veces que arriban cruceros al ex muelle fiscal, inmediatamente sus pasajeros y tripulantes se van hacia Colima, Comala o el Boulevard Costero; pero son muy poquitos los que se quedan a recorrer las vialidades del primer cuadro de la ciudad.