Desde el Malecón


Víctor Manuel Martínez

 

Muchos son los accidentes que ocasionan en las carreteras de nuestra entidad y municipio los llamados fulles o camiones de carga de doble remolque, que con tal de llevar mucha mercancías en un mismo viaje, enganchen una segunda plataforma con carga a su camión, siendo esto un apéndice difícil de controlar porque, al ir independiente, tiene sus propios movimientos, además que el pequeño gancho o arnés que une a la cabina con carga normal y la plataforma rodante añadida, es pequeña en relación a las moles de carga que desplaza, y en un bache considerable, irregularidad de la carpeta asfáltica, topes o boyas de esas enormes que ponen por doquier, no es nada difícil que haya un desenganche, que se convierte en un golpe mortal por embestida a los automóviles que comparten la carretera con los vehículos de carga.

También, sin necesidad de desengancharse, únicamente con que la parte de atrás se sacuda y dé un coletazo, por estar independiente como ya dijimos, es algo que tiene el potencial de causar un accidente mortal, pues las cargas que mueve el autotransporte son pesadísimas, de toneladas. La SCT solamente les pide a estas unidades que lleven una torreta y banderolas, y es todo.

La Norma Oficial Mexicana 012 es muy clara en cuanto al peso y dimensiones máximas con las que pueden circular los vehículos del autotransporte que transitan en las vías generales de comunicación con jurisdicción federal; sin embargo, son las mismas instituciones que vigilan las carreteras las que no las respetan.

El peligro, como ya dijimos, es muy grande, pues el remolque de atrás no frena, sino que empuja la caja de adelante y eso origina los accidentes; además, muchos camiones circulan a exceso de velocidad y transportan exceso de carga.

Actualmente, en las carreteras hace falta una mayor vigilancia y supervisión a la circulación en las cercanías de una de las terminales de carga comercial internacional más dinámicas, como es Manzanillo; además, no existen módulos de atención médica para los conductores, que muchas veces son vistos por las empresas privadas de transporte, hay que decirlo, como máquinas de hacer dinero, pues, para agravar el problema, los exponen a jornadas de trabajo de más de 20 horas por seis de descanso. Llevan 50 o más toneladas de carga, con más de 30 metros de longitud y, sin embargo, se tolera, porque las empresas lo ven como una manera ahorrarse diésel, sin importar que, al primero que se pone en riesgo es al propio conductor.

Es verdad que en países del primer mundo, como Australia, se permite la circulación de los llamados trenes de tierra, que son tráileres con más de un remolque, pero esto es porque el interior de la isla tiene carreteras con casi nula circulación, totalmente rectas porque cruzan zonas áridas y desérticas, casi deshabitadas, lo que hace posible que circulen bajo estas condiciones. Sin embargo, están prohibidos en países como Guatemala, Costa Rica, Venezuela, Estados Unidos, Japón, Rusia, Islandia, Países Bajos, Suiza, Canadá, Finlandia y la mayoría de países del mundo, pues sus especificaciones de longitud y peso máximo permitidas impiden el uso del doble remolque de una manera clara. Aquí se sigue tolerando y los riesgos para trasladarse de Manzanillo a Guadalajara, Minatitlán o  Lázaro Cárdenas son enormes por la presencia de estos monstruos desbocados y descontrolados.