Desde el Malecón


Víctor Manuel Martínez

Los últimos días han sido algunos de los más calurosos de los que se tenga memoria en Manzanillo, y quizá no porque la temperatura se haya elevado a niveles de récord, sino por la sensación térmica que experimentamos. La humedad es muy alta y caminar dos o tres cuadras nos deja bañados en sudor, a punto de insolación y deshidratación.

Es muy importante tener mucho cuidado con los menores de edad, niños y adolescentes, para que se hidraten correctamente, porque gustan de jugar en la calle o hacer deporte en canchas sin techumbre, exponiéndose a perder muchos líquidos. También se deben tomar consideraciones especiales en el caso de algunos trabajos en los que se labore expuesto al ardiente rayo de nuestro astro rey, como son los empleados del ramo de la construcción, algunos vendedores ambulantes y cobradores, portando alguna cubierta sobre la cabeza, como un sombrero, gorra o casco.

La sabiduría popular señala que cuando la temperatura se eleva demasiado, como pasa en estos días, esto solamente se revierte con una lluvia muy fuerte o un temblor de gran potencia, y muchas veces, la realidad ha confirmado estas creencias ancestrales. También pudiera formarse un gran ciclón. Sin embargo, la lluvia no aparece y ya se ha señalado en diversas ocasiones que la presencia de contaminantes en las nubes por la actividad industrial en nuestro municipio aleja esta posibilidad. En días pasados se ha reportado la presencia de combustóleo en el ambiente en grandes cantidades.

Desde hace años en Manzanillo difícilmente nos llueve si no anda algún ciclón o tormenta tropical cerca, pero son muy raras las precipitaciones pluviales normales de la temporada. Una de las razones principales es la carencia de vegetación, pues cada vez contamos con menos árboles y predios con tierra, como son los jardines de casas particulares y los parques, que han sido sustituidos por planchas de concreto, ya sean lisas o con estampado tipo adoquín.

Hay que considerar que muchas calles de nuestra ciudad que parecen estar cubiertas con frescos adoquines de barro, en realidad están pavimentadas con concreto estampado con figuras de adoquines.

El rayo del Sol pega de lleno en las calles y piso de los parques y banquetas, por lo que se refleja e incrementa sobre las personas, carros y casas, quedando atrapado por la gruesa capa de contaminantes que cubre la ciudad.

No hay absorción del impacto por las frondas de las copas de los árboles, y cuando hay que caminar, poca es la sombra que se puede encontrar de las marquesinas de los negocios, por eso se siente más fuerte el calor que antes.

Si usted camina en algún lugar de Manzanillo arbolado y lleno de vegetación, con áreas de tierra y pasto, sentirá la frescura y comprobará que ese lugar está varios grados de temperatura más abajo que el resto de la ciudad.

Si se reforestara la ciudad, sobre todo en parques y camellones, y se utilizara para pavimentar el adoquín de barro y otros materiales menos calientes, se lograría que nuestra ciudad fuera menos cálida. Esto beneficiaría lo turístico, porque para nuestros visitantes es muy incómodo hacer recorridos de compra por el Centro Histórico u otras zonas, y estar chorreando sudor a mares; si se busca una palmera, un almendro o un ficus para guarecerse del Sol, no se encuentra por ningún lado.

Esperemos, pues, que llueva; pero recordemos que también los árboles y la vegetación juegan su papel no solo en la regulación del clima, sino en la formación de las condiciones necesarias para que llueva, y éstos brillan por su ausencia, además que los grandes cuerpos de agua, como las lagunas, cada vez reducen más su extensión o desaparecen.