Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez

 

Es triste ver como Manzanillo ha cambiado tanto como ciudad,  en unos pocos años pues, de ser una población tranquila, pacífica y hasta paradisíaca, se convirtió en una insegura, violenta y hasta en ocasiones peligrosa. Es increíble como en tan poco tiempo se acabó aquel ambiente costero que tanto nos envidiaban los visitantes de las grandes ciudades.

Recientemente incluso, nuestra entidad, otrora considerada la más segura del país hace algunos pocos años; pasó totalmente al otro extremo, el ser ahora catalogada como la más violenta, por arriba de las entidades del norte del país, Guerrero, Michoacán y Estado de México, que tradicionalmente se consideraban las más inseguras.

Es algo para reflexionar y buscar como revertir, y una de las maneras es ir hasta la raíz del problema. Hoy quiero tocar solo un tema que pudo detonar esta situación, aunque desde luego, no es el único, porque éste es un mal multifactorial.

De acuerdo a los especialistas en el estudio de la mente humana, uno puede programarse a sí mismo de acuerdo a lo que expresa. Se cita el caso de Muhammad Alí, el más famoso boxeador de la historia, fallecido recientemente, quien siempre señalaba a gritos que él era el más grande. Finalmente, logró llegar a serlo con logros concretos y tangibles, y el mundo entero se le reconoció.

Él decía: “Yo me decía a mí mismo que era el más grande, antes que en verdad supiera que lo era”. En las conferencias que se dan en universidades y empresas sobre superación personal siempre se menciona que hay que hacer declaraciones positivas y pensamientos de crecimiento y victoria

¿A qué voy con esto? Nos encontramos en un estado de inseguridad, violencia, ejecuciones y miedo, que primero fue cantado una y otra vez en las canciones de la rama musical de los narcocorridos, hasta que, aquello que solo existía en las canciones, fue traído al plano de la realidad, y hoy eso es lo que se volvió cotidiano.

Primero nació la admiración hacia los que portaban armas, joyas, billetes y carros de lujo obtenidos a través de actividades delictivas, y que eran capaces de hacer cualquier atrocidad con tal de lograr sus objetivos; primero vino la apología a los violentos, supuestamente valientes, que podían doblegar autoridades y hacer lo que querían derrochando billetes y balas; primero vino el acostumbrarnos a hablar de ejecutados, de venganzas y ajustes de cuentas, en temas musicales caracterizados por hablar de ríos de sangre corriendo. Luego, aquello que tanto se sembró en la mente de los aficionados a esta polémica música dio su fruto.

Tanto se verbalizó en las letras de esas canciones que tanto se cantaron, que se materializó. Esto se complementó con series donde los narcos televisivas son los héroes, rodeados de lujos, mujeres y placeres, y un desprecio total hacia la autoridad, y el explosivo coctel ya estaba servido.

Se dice que los narcocorridos son música similar a los corridos de la época de la Revolución Mexicana y la Cristiada, que son clásicos de la música mexicana; pero yo creo que hay sus diferencias, porque aquel fue un tiempo en que se peleaba por hacer un cambio en el gobierno para sacar del atraso y la marginación a muchos millones de mexicanos, tras las graves diferencias que creó el gobierno porfirista entre pobres y ricos. Era un México en el que la educación estaba en pañales y muchas regiones del país estaban prácticamente incomunicadas, donde reinaba la ley del más fuerte. Había motivaciones políticas para la lucha armada.

Ahora, en cambio, lo que hay es un conflicto generado por delincuentes, traficantes, matones y secuestradores que, si en algún momento se enfrentan al gobierno, no es por alguna causa social, ni por alguna injusticia; sino por motivo de sus actividades ilícitas.

Por todo lo anterior, yo creo que en Manzanillo debiera de promoverse entre las nuevas generaciones otro tipo de música que no sea aquella que promueve la violencia, las venganzas, las ejecuciones y los balazos. Debemos programarnos mentalmente para el amor, la paz, el progreso y todas las cosas positivas que se puedan.

Las canciones de violencia son algo indeseable, y Manzanillo debiera estar libre de ellas para empezar a cambiar su ambiente desde la raíz. Que se acabe la admiración a los delincuentes, y que se admire a personas positivas, que en Manzanillo hay muchas.