Desde el Malecón


Víctor Manuel Martínez

 

El cloro ha sido un remedio muy eficaz para el saneamiento del agua potable; pero, como es bien sabido, si se agregan al vital líquido cantidades superiores a las recomendadas, puede ocasionar graves daños a la salud humana.

En el caso de nuestro Manzanillo, para nadie es un secreto que por las mañanas y por las noches, el agua cae de los grifos y regaderas con apreciable exceso de cloración, pues si usted recoge en un trastecito un poco de agua, verá como ésta parece más bien leche, de lo blanca que está.

Esto indica un exceso de aplicación de cloro en su tratamiento, que no es algo inocuo. Muchas personas se bañan a las horas en que el agua tiene exceso de este elemento tóxico, y ojalá las consecuencias fueran nada más una gran comezón en todo el cuerpo, que no deja dormir por una o dos horas; pero no, a la larga puede tener afectaciones más serias.

Podríamos pensar que únicamente nos envenenaríamos por tomar grandes cantidades de cloro, pero el tener contacto, ya sea por la ingesta directa o la absorción a través de la piel en pequeñas cantidades de una manera constante, es un detonante del cáncer y de problemas en las vías respiratorias.

Esto se intensifica si usted es una de las personas que tiene boiler, y gusta de bañarse con agua calientita, porque siente muy a gusto y relajante que le caiga el agua tibia, pero al estar el agua en esta temperatura, despide vapores que, por contener cloro, intensifican su toxicidad.

Simplemente el respirar el cloro es malo para nuestra salud, mucho más bañarnos en esa agua e incluso beber el líquido clorado en exceso. Hasta lavar los trastes bajo estas condiciones es peligroso.

Desde luego que la cloración del agua tiene un buen propósito bajo estándares seguros, límites marcados por especialistas en calidad del agua, pues de esta forma se eliminan muchas bacterias, virus y otros elementos biológicos que podrían enfermarnos, y a los que el cloro mata; pero fuera de estos estándares, hay preocupación por nuestra salud, y más cuando permanece esta situación por prolongados períodos de tiempo.

El hecho que los porteños experimenten intensa picazón en su cuerpo tras ducharse, y que se aprecie visiblemente el color del agua blanco como la leche, es un mal indicador; ya que, como sabemos, el agua en excelente calidad debe ser inodora, incolora y sin sabor.