Desde el Malecón


Víctor Manuel Martínez

En días pasados se dio a conocer que alrededor de 100 militantes del PAN en Manzanillo serían expulsados de ese instituto. Sin lugar a dudas, se trata de un ajuste de cuentas, por no asimilar la derrota que obtuvo el candidato de ese partido en la contienda electoral a la gubernatura, Jorge Luis Preciado; luego de que en la primera edición de la votación, que a la postre fue anulada, se obtuvo una votación cerradísima, merced a que Manzanillo le dio su voto en masa al abanderado blanquiazul.

Pero al repetirse la elección, Jorge Luis no supo conservar e incrementar el voto en su favor por parte de los porteños, sino que vio caer en picada sus números. Este acto revanchista impulsado por el ex candidato, quien es el que ha dado la cara en los medios sobre este tema una y otra vez, considero que es negativo para las filas albiazules, porque, de golpe y porrazo, perder a cerca de cien militantes inscritos en su padrón, no es cualquier cosa.

Estamos hablando de cien personas que ahora trabajarán para otros partidos y votarán seguramente por otros partidos. Pero no nada más son esos 100 militantes, sino que es una o varias corrientes ideológicas que representan, que se van con ellos, porque representan un grupo, unido por la amistad y el compañerismo de muchos años en el trabajo partidista, y también pierden en muchos casos el voto de sus familiares.

Cada militante representa entre cinco y 10 votos que no están registrados en el padrón de militancia, pero que sí cuentan. Los expulsados, también se ha dicho, se darán en otros municipios de la entidad, por lo que estamos hablando de una importante baja en la militancia del PAN en Colima.

Se habla de que se quiere expulsar, por ejemplo, a la actual presidenta municipal de Manzanillo, por no apoyar en su campaña a la gubernatura en la repetición de la elección, lo cual es algo ilógico que hiciera, porque sería violar la ley. No estamos en Estados Unidos, donde se permite que el actual presidente del país, todavía en funciones, Barack Obama, apoye abiertamente a la candidata de su partido, Hilary Clinton.

Afortunadamente nuestras leyes no permiten que alguien utilice el aparato del poder para impulsar a una candidatura, lo que sería a todas luces ilegal. Benavides estuvo en su papel al dedicarse a cumplir la encomienda que los manzanillenses le encargaron para los gobernara por un período de tres años, y no para que se dedicara a hacer política partidista.

Desde luego que había la opción válida legalmente de pedir una licencia del cargo para que entrara de lleno a participar en la campaña de Preciado Rodríguez; pero no se valdría, ni sería moralmente ético que alguien recién electo, y en momentos en que Manzanillo necesitaba de toda su atención por los múltiples problemas que enfrenta, pues sin duda es el municipio más dinámico del estado, abandonara el barco por estas razones.

En estos momentos el PAN tiene dos opciones como partido político en Colima: Tomar venganzas o cicatrizar las heridas y hacer acuerdos, alianzas, pactos y respetar corrientes ideológicas internas, porque de eso se trata la política, no de avasallar y aplastar a los que piensan diferente.

De ninguna manera pienso que al PAN le beneficie partirse, recortar militancia, todo por viejas rencillas y disputas por el poder al interior.

Mientras que otros partidos se están reorganizando y pensando en llegar al 100% para los próximos procesos electorales, en el PAN todo parece indicar que aún no pueden superar la derrota en la contienda por la gubernatura, y viven en ese pasado, sin poder pasar la página.

Manzanillo ha sido, desde hace muchos años en que Martha Leticia Sosa Govea le arrebató la presidencia municipal al PRI, el bastión del panismo en el estado, pero con actitudes como éstas, que no representa una madurez política por parte de quienes proviene, todo parece indicar que perderán al municipio más grande y poblado de la entidad, que además es el más importante en materia económica y turística.