Desde el Malecón


Víctor Manuel Martínez

 

De los fenómenos naturales que causan desastres, todos se pueden predecir, unos con más tiempo que otros, pero aún no existe manera de anticipar y predecir con exactitud cuándo sucederá un sismo o terremoto.

A pesar que es algo que aprendemos en la escuela, las redes sociales asustan a los incautos sobre el supuesto próximo desencadenamiento de un gran movimiento telúrico en nuestra costa del Pacífico mexicano, que afectaría a Manzanillo, así como el subsecuente tsunami.

Cabe señalar que Manzanillo está ubicado en medio de varias fallas tectónicas de las más peligrosas de México. Así que, aunque no se pueda predecir cuándo sucederá el próximo gran terremoto para nuestras costas, así como el maremoto si es de una intensidad mayor a los ocho grados en la escala de Richter, pero sí podemos trabajar en la prevención.

Hemos tenido también tsunamis o maremotos como el de 1932, que azotó toda la región costera de Jalisco, Colima y Michoacán, y golpeó con inusitada fuerza muy en especial a la población de Cuyutlán, que en ese tiempo aún pertenecía al municipio de Manzanillo, y que hoy forma parte de Armería.

En 1995 también hubo otro pequeño maremoto, el cual causó grandes remolinos y arrastre de embarcaciones de todo tamaño ancladas en la bahía, y se dejó sentir con mayor potencia en la cercana población jalisciense de La Manzanilla, donde la gente fue alertada de la inminencia de la ola por un pescador oriundo de Manzanillo, vecino de la colonia Las Torres, que desde su embarcación de pesca menor que venía siendo empujada por la fuerza de la ola ya por las calles de ese lugar, les gritaba a las personas que corrieran, porque venía el maremoto; gracias a esto, muchos fueron los que se salvaron, aunque hubo daños materiales importantes.

Hay una ventana de silencio importante en cuanto a sismos con epicentro en nuestras costas, pues de un tiempo a la fecha la mayoría de los movimientos de tierra que se han verificado en nuestro país, han tenido su origen en Oaxaca y, sobre todo, en Chiapas. Esto debe ponernos en guardia en cuanto a la prevención, porque sí podemos saber que se está acumulando energía en las placas tectónicas.

Pero, no hay que dejarnos alarmar por los posts sensacionalistas que alertan sobre un inminente gran terremoto en nuestras costas, con magnitud por arriba de los ocho grados, lo cual no es imposible que suceda, pero no hay alguna base que permita pronosticarlo. Se pueden augurar las lluvias, las nevadas, los tornados con escaso margen de antelación; los ciclones, las erupciones volcánicas con cierto grado de certeza; pero los terremotos no son predecibles hasta el día de hoy.

En el caso de los maremotos o tsunamis, que son una consecuencia de los sismos de gran magnitud, se puede deducir que podría desencadenarse uno por haberse sentido el movimiento de manera local, pero también puede golpearnos uno proveniente de otro enclave del Pacífico en donde haya habido un gran terremoto, y el tiempo que tendríamos para reaccionar podría ir desde pocos minutos hasta poco más de una hora, cuando el foco es lejano.

Así es que no hay alarmarnos ni alarmar a otros, pero sí podemos prevenir. No reenviemos los mensajes de miedo en que circulan al respecto en las redes sociales, sino difundamos mejor las medidas de prevención en casos de fuertes terremotos y maremotos.