Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez

Preocupantes los rumores de que la destructiva droga krokodil ha llegado a nuestra entidad. Los primeros informes, aún por confirmar en sus detalles, hablan de una menor de edad, más específicamente de 15 años, la edad de las ilusiones, que tuvo que ser atendida por daños severos en su piel a la altura de las rodillas, al parecer por el consumo de esta sustancia, también conocida como Desomorfina, de la que se han escuchado de casos de su uso en Sonora y partes de la franja fronteriza.

¿Quién querría consumir una droga tan dañina? Algo falta en la educación de los jóvenes, adolescentes y niños para que se interesen en probar algo que se va comiendo el organismo desde adentro de una manera tan agresiva, tan rápida. Sea verídica la presencia ya en nuestras calles del krokodil o no, hay muchas otras drogas igualmente dañinas que están circulando, y siendo probadas por los menores de edad.

En el caso que se conoce, la jovencita en cuestión admitió a su ingreso al albergue, en el que permanece recluida, que sí tomó esta droga, al igual que varios de sus amigos, durante un mes, y que todos tuvieron síntomas similares, entre los que se cuentan, aparte de los daños a la piel, la falta de apatía en sus relaciones personales y el estudio.

Hay que tener mucho cuidado con una probable incursión de esta droga en nuestro medio, porque al hecho de ser Manzanillo un puerto internacional por donde pudiera quererse introducir de forma ilegal, se agrega el hecho de que es una droga muy barata, en relación con algunas parecidas, pero con efectos más potentes.

Por eso, desde antes de que llegue en forma masiva a nuestras calles, hay que identificar a los potenciales consumidores, que no son otros que los menores que no reciben atención de su familia, que tienen muchas carencias, problemas y necesidades, y que buscan alguna sensación que les haga olvidar su realidad.

Se necesita ir a las escuelas y barrios a trabajar con ellos. Hace falta un programa como el de “Policías Educando a la Sociedad”, que tanto éxito tuviera en su momento, con pláticas sobre las drogas y otros problemas juveniles. Eventos con médicos, psicólogos, trabajadores sociales, adictos regenerados y materiales como videos con reportajes y documentales sobre la materia. No esperemos a que la droga inunde nuestras calles para reaccionar, pues las primeras llamadas de alerta ya se han dado.

Hay muchos jóvenes y adolescentes que si el día de hoy alguien les ofreciera el krokodil, estarían dispuestos a probarlo, pues no tienen ni las armas ni el conocimiento para escapar de sus garras. Si es verdad lo que ha asegurado la Secretaría de Salud que la droga aún no llega a nuestra entidad -ojalá así sea-, hay que trabajar en la prevención de la mortal adicción, porque tarde que temprano su expansión por el mundo hará llegar su oleada hasta acá, pues habiendo comenzado en Rusia hace pocos años, hoy ya está en muchos países, y tan cerca como en nuestro vecino del norte, y quizá hasta en algunas calles de una ciudad de nuestro Colima.