Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Se dio a conocer el día de ayer que en esta temporada en que hay una alta demanda de pescados y mariscos en nuestra ciudad, a pesar que tenemos una importante franja costera como entorno, no alcanzamos a satisfacer esa demanda.

Las capturas que hacen los pescadores ribereños comerciales no es suficiente, y aunque se sabe que hubo un importante repunte en la pesca de huachinango desde la semana pasada (se podía ver como lo vendían en costales por el paseo Espíritu Santo), en la mayoría de las especies que se requieren por temporada, tanto de peces como mariscos, hay escasez.

Esto motiva a que, tristemente, tengamos que recurrir a importar estos alimentos desde otros puertos e, inclusive, hasta de ciudades sin costa, pero que, por ser grandes urbes, estratégicamente ubicadas como centros distribuidores nacionales, como es el caso de Guadalajara, Jalisco, o el Distrito Federal, concentran toda clase de productos del mar.

La razón es, más que la sobreexplotación del recurso, la captura indiscriminada, ya que los pescadores locales, hay que decirlo, tienen la mañana de pescar intencionalmente crías pequeñas, casi larvarias, sin desarrollarse aún, y por tanto, sin llegar a la etapa de poder reproducirse, con lo que, de esta manera, el número de ejemplares disminuye sensiblemente año con año.

Esto es algo que ya se ha denunciado, y se les ha intentado concientizar a través de las diversas dependencias abocadas al tema de la pesca desde hace más de 20 años; sin embargo, siguen adquiriendo artes de pesca prohibidos, pensados para atrapar individuos miniaturas o bebés. Cuando se intenta dialogar con los pescadores para hacerles ver que ellos solos le están dando en la torre a su actividad, señalan que el camarón, entre más chiquito, sabe mejor, que las jaibas pequeñitas son las más sabrosas e igual con los pescados.

Además, ellos aducen que conocen mucho de su profesión por la experiencia de muchos años, y que ningún técnico pesquero, así tenga cualquier título profesional o postgrado, va a venir a decirles cómo hay que pescar.

Recuerdo haber escuchado a alguno decir que tenía más de 30 años pescando, y su padre había pescado por alrededor de 40 años, y que la pesca nunca se había acabado ni se acabaría jamás.

Lo cierto es que ahora tenemos que pasar la vergüenza de traer peces desde Acapulco y los trabajadores del mar se pierden la gran oportunidad de ver incrementados los precios de su captura hasta en alrededor de un 25 por ciento, porque los restauranteros, puestos callejeros de cocteles, locales de los mercados municipales y las tiendas departamentales, estarán vendiendo pescados y mariscos de otros puertos e incluso de ciudades.

Ahora sí que se estará vendiendo en algunos lugares de Manzanillo “pescado fresco del Ajusco”.