Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Me gusta la frase con que calificó a su campaña a realizar el candidato de Acción Nacional a la gubernatura del estado, Jorge Luis Preciado Rodríguez, quien señaló que será alegre y propositiva.

En verdad que sería muy bueno que las campañas, la de él y las de todos los candidatos a todos los puestos de elección popular en juego, sean, sobre todo, propositivas.

Ojalá ya no se den las campañas de desprestigio y las guerras de lodo, sino que se presenten propuestas, que se confronten las ideas y se planteen soluciones a los principales problemas que nos aquejan. Eso sería genial. Sería excelente e inédito, porque muy pocas han sido las campañas políticas que se distingan por eso.

El descubrir pecados secretos y graves errores en este tiempo, suena a estrategia electoral, más que apuntar a una realidad. El lanzar acusaciones es una clara muestra que no se cuenta con ideas y proyectos propios sobre los cuales hablar.

Apenas estamos empezando o incluso podemos decir que ni hemos arrancado, y ya hay deseos de descalificar. Creo que en estos tiempos el que descalifica, no califica. Queremos que en vez de voltear a sus contrincantes, los candidatos nos volteen a ver a nosotros los votantes, y observen con atención nuestras necesidades y problemas, y nos ofrezcan soluciones, que nos sorprendan con proyectos que eleven nuestra calidad de vida, y que nos convenzan que votar por ellos es algo que realmente nos conviene.

Habrá, desde luego, personas a las que ni siquiera les interese aunque sea un poquito escuchar el discurso de los candidatos, porque ya pertenecen de cuerpo y alma a algún instituto político, y vaya quien vaya o diga lo que diga, jamás cambiarán el sentido de su voto; pero ese tipo de personas son la excepción, y cada vez es más raro encontrar a este tipo de votantes.

La mayoría de los votantes son jóvenes, y estos quieren escuchar planteamientos que les convenzan para dar su voto.

Por eso, ojalá y que de veras las campañas políticas pudieran ser propositivas. Eso nos animará a desear escuchar un debate, porque se podrán comparar y confrontar las diferentes ideas que cada uno trae bajo el brazo. Pero si van a ser campañas sucias, ya sabremos que a esos posibles debates van a ir nomás a insultarse, y mejor preferimos entonces que no haya ningún debate.

Recordemos que la gran mayoría de los votantes no pertenece a un partido político, no tiene comprometido su voto y está a la espera de decidir en base a conocer las plataformas de cada uno de los candidatos.

El que descalifica, no califica; y al que propone, lo ponen.