Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez

 

Se ha puesto de moda por parte de algunas constructoras, hacer las obras pensando en cumplir plazos de ejecución, como si fueran robots, sin pensar en la afectación humana o social.

Al parecer, no hay una supervisión por parte de las autoridades en el sentido que se respeten los derechos de las personas afectadas por los trabajos que hacen estas empresas particulares, que ganaron las respectivas licitaciones para efectuarlas.

Se ha convertido en costumbre no respetar el derecho al libre tránsito de las personas, en aras de llevar término los trabajos en tiempo y forma pactados, para no arriesgarse a que se les aplique una penalización o, incluso, como ya ha pasado, que la obra les sea quitada, para asignarla a otra constructora.

Las dependencias de gobierno encargadas de vigilar su accionar sólo se preocupan, como menciono, porque los tiempos fijados se cumplan, pero hay otras muchas anomalías en perjuicio de los vecinos de las colonias que son pasadas por alto y que, sin embargo, se han convertido en una constante aquí en Manzanillo.

Cuando se acuerda arreglar una colonia, lo cual es un beneficio, generalmente en este último tiempo como una acción compensatoria a cargo de la SCT, se abre de lado a lado, de banqueta a banqueta, de esquina a esquina. No voy a enumerar todas las molestias que esto acarrea, solamente pedir que también se cheque que no se cometan estas irregularidades. Que no nomás verifiquen los tiempos de ejecución y los materiales empleados en la obra en cuanto a su calidad, sino también el trato y consideración que se dé a los afectados por esas obras, que son los colonos.

Estas obras son cada vez más frecuentes, porque se requiere compensar a la población de nuestro municipio, por tantas afectaciones que le ocasiona el contar con el principal puerto comercial mexicano de ambos litorales, y uno de los principales de Latinoamérica.

Hay muchas adecuaciones que se requieren hacer, para no frenar el crecimiento imparable de la dinámica terminal local. Esto no parece que vaya a cambiar en muchísimo tiempo, pero no por crear la infraestructura que facilite el desarrollo, se atropelle a los habitantes de nuestra ciudad y municipio. Las compensaciones nos deben beneficiar, no afectar.

El beneficio que se está dando, llega sólo hasta que ya se concluye la obra, y es innegable; pero mientras, disminuye enormemente la calidad de vida del entorno en que se hacen estos trabajos por semanas y meses. Esto es algo que también se debe cuidar cuando se supervise el desarrollo de una obra; la afectación al entorno social.