Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Aunque todos los que aspiran a un puesto de elección popular en estos tiempos tienen que hacer trabajo de promoción de su imagen, sus obras y gestiones, la ciudadanía sabe perfectamente quiénes son los que han estado trabajando, pues aun sin hacer campaña, la gente está consciente de lo que han hecho, porque sus acciones y logros son palpables, aunque nadie los presuma.

Un mayor esfuerzo de ensalzamiento de sus personas requieren aquellos que no han trabajado, que no han hecho nada en favor de sus representados o gobernados, y ahora, de repente, al llegar los tiempos electorales, quieren recuperar los días y hacerse presentes hasta en la sopa.

Yo pienso, quiero creer, que el electorado ya está más maduro, y no se deja cuentear por agresivas propagandas diseñadas por publicistas que quieren aplicar la mercadotecnia a los comicios, y que en el pasado, hay que decirlo, lo hicieron con éxito, pero los malos resultados que se dieron abrieron los ojos de la población, que hoy está más alerta. Eso, por lo menos, es lo que parece.

Las obras, las gestiones, los acuerdos y cambios en diversas leyes y reglamentos, hablan más que discursos, fotos y frases estudiadas, y hay quienes han estado haciendo campaña callada, solapada, discreta y efectiva desde que asumieron el puesto que actualmente ocupan, trabajando como se debe, y hoy están muy posicionados, sin necesidad de inventar, y mucho menos de mentir.

Parece mentira que para algunas posiciones se vean formados, queriendo llegar, a muchos que no han hecho nada, que no tienen merecimientos, y que, después de tres años de no hacer ningún esfuerzo en pro de la ciudadanía, hoy de repente, como por acto de magia, les da por moverse como peces zarandeados y aparecen hasta en la sopa, promocionando quién sabe qué.

El respaldo de unas siglas y colores tampoco van a bastar para salvar a quien no ha brillado con luz propia, y hoy de repente nos quiere deslumbrar con oropeles falsos, como hicieron los españoles de Cortés con los indígenas mexicanos durante la época de la Conquista.

Esta vez todo parece indicar que sí van a pesar más los hechos que las palabras, y más la persona (o el mono, como se dice) que el partido. Porque hay aspiraciones legítimas y aspiraciones que uno no se explica.

Pero, ¿de verdad será que el electorado ya maduró y toma en consideración todas estas cosas? Yo creo que sí, y esperemos que así sea, porque lo ideal es tener en cada posición a la mejor persona posible ocupándola, para que los resultados sean los mejores.