Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez

Hace unos momentos me encontraba a bordo de un taxi cuando de repente, al cruzar una calle a muy baja velocidad, otro automóvil, también casi a vuelta de rueda, vino y se estampó suavemente contra un costado del carro de sitio, y continuó avanzando sin frenarse unos cuantos segundos más, aventándonos, pero todo con los dos carros moviéndose lentamente, lo cual es algo muy raro, porque generalmente los choques se dan por exceso de velocidad.

Resulta que el conductor del otro vehículo se quedó dormido al volante y sólo despertó cuando ya se había estampado contra nosotros.

Ya no sé cómo se habrán arreglado, porque yo pagué y me bajé. Un amigo que estaba observando todo y que conocía a las dos partes, me dijo que al parecer el conductor dormido había estado festejando mucho en los últimos días, desvelándose en posadas, el festejo navideño y todavía continuaba, como si quisiera completar al famoso maratón Guadalupe-Reyes.

Me quedé pensando cuántos choferes de éstos no habrá en estos días en nuestras carreteras, caminos, calles y avenidas. Algunos de ellos todavía con la resaca de una buena borrachera. Es por ello que se deben extremar precauciones de aquí al Año Nuevo, porque mucha gente, con pretexto de estar de vacaciones, se la pasan tomando y tomando sin parar, creando mucha inseguridad cuando se ponen detrás de un volante.

En otro tema, yo no sé porqué todos los días se deba ir, aunque sea un ratito, el agua en las colonias de Manzanillo. En algunas en el día, en otras en la tarde y en otras en la noche, pero nadie tiene agua las 24 horas del día.

Si el agua es un servicio, y se cobra por su suministro, porque la tienen que cortar diario por períodos tan largos. Se entendería que en alguna ocasión por problema de fuerza mayor alguna área de la ciudad tuviera falta del vital líquido, previo aviso, y no más de unas horas. Pero aquí ya es costumbre, y ya nos hemos habituado a esta tradición cotidiana del corte de agua, como si viviéramos en un régimen comunista de los más pobres y atrasados.

Esto me recuerda como decían en Cuba que era tanto el tiempo que estaban sin luz eléctrica, que ya no les llamaban a los cortes “apagones”, sino más bien, a los momentos en que había luz, “relumbrones”.

Si ciudades tan grandes como Guadalajara, y que también traen el agua desde lejos, no ponen esos pretextos, sino que es rarísimo que se vaya el agua, y siempre con una excelente presión para tantísimos habitantes, yo no entiendo como aquí diario tenemos que estar toreando los consabidos cortes del agua, tan molestos, enfadosos y antihigiénicos. Es erróneo, anormal e indebido, y no nos debemos acostumbrar a estos cortes.