Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

ME contaban mis padres que en sus tiempos de recién casados mucha gente iba en familia a El Playón, para esperar el momento en que elementos de la Armada de México arriaban la bandera nacional, para hacerle los honores a la bandera de forma voluntaria y eso los llenaba de orgullo, además que enseñaban el civismo y el amor por México a los niños.

En los tiempos en que andaba de novio con mi hoy esposa, íbamos a esa zona también a platicar en una banquita frente al mar y hubo ocasiones en que estuvimos presentes en ese lugar al momento en que se bajaba la enseña nacional y entonces, como ya el amor al símbolo patrio por excelencia había menguado un poquitín, los marinos se acercaban a las personas presentes para invitarlos a participar en los honores a la bandera. La mayoría participaban, mientras que alguno que otro prefería retirarse. Eso sí, que yo me haya dado cuenta, nunca vi a nadie para estos años, finales de los ochenta y principios de los noventa, que acudiera por su voluntad con el único propósito de rendir honor al lábaro patrio.

Pasados los años, me dicen que ahora casi todo mundo se aleja cuando se arría la bandera y los mismos marinos hacen esta operación, la bajada de la bandera de su mástil con una mayor discreción.

Hoy se ha puesto de moda no ser patriota, al estilo europeo, donde en muchas naciones, luego de las experiencias de los regímenes totalitarios que los asolaron, que eran muy nacionalistas, como el franquista, estalinista, hitleriano o en Italia bajo Mussolini, épocas de mucha oscuridad, ahora el hablar de nacionalismo es igual a fascismo, totalitarismo y cosas muy negativas.

Ahora, regresando al caso específico de nuestro puerto de Manzanillo, por donde quiera oigo comentarios de muchos manzanillenses, de todas las edades, que refieren que no aman a México, que les da vergüenza ser mexicanos y que hubieran preferido haber nacido en otro país. Y, ¿cuál es la razón de este sentimiento? Cuando se les hace esta pregunta, contestan que es por motivos políticos, porque nuestro gobierno ha hecho mal las cosas y otras respuestas similares. Y yo pienso, ¿qué tiene que ver nuestro amor por México, nuestro nacionalismo, con la política? ¿Por qué todo lo queremos relacionar con lo político? Los personajes y grupos políticos van y vienen, pero nuestro país es algo que debemos amar por encima de estas cosas, porque abarca más que ello. Ser mexicano es algo espiritual, cultural y cotidiano, que trasciende los acontecimientos del día a día y las circunstancias personales.

Veo que muchos dicen avergonzarse de ser mexicanos, pero les encanta escuchar música de mariachi, no pueden comer si no es acompañando sus alimentos con chile, gritan y se emocionan cuando juega la selección mexicana y muchas otras cosas que nos son propias y nos distinguen a nosotros, los mexicanos. Sentir orgullo de ser mexicano y amor por nuestro país no es solamente por la situación política, porque hay muchos otros factores que nos hacen ser lo que somos, mexicanos.

México abarca mucho más allá que sus gobernantes, afortunadamente.